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Papías de Hierápolis




Por Hernando J. Ochoa R.


I.                  Introducción


            Papías es uno de los cristianos más cuestionados respecto a sus enseñanzas y lo que se puede derivar de ellas, puesto que, en el mejor de los casos, es escasa la información acerca de él, de su vida y de su obra; en el peor, es obscura o ambigua, gracias a que ha sido usada por críticos (como Eusebio) o actuales racionalistas y liberales, para sustentar dudas sobre la autoría y apostolicidad de algunos de los pasajes y libros del Nuevo Testamento.  Todo ello ha provocado que aún algunos le nieguen la calidad de padre de la iglesia.


II.               Contexto Histórico


            Justo a la muerte del último de los apóstoles comenzó la “era de los padres apostólicos[1], esto es, la primera generación de la era patrística[2] que abarcó aproximadamente del año 95 al 140 d.C.  Dependerá de la metodología y perspectiva histórica acerca de quiénes se considerarán como Padres Apostólicos; por ejemplo, en el caso de Papías, se le reconoció por primera vez como tal en 1765 por André Gallard[3].


            La era pratística fue un periodo precedido por otro de “entusiasmo y frescura pionera”[4] cuando el cristianismo se esparció a través de los apóstoles y los seguidores originales de Jesús, que fueron primeramente judíos[5] y a finales del siglo I terminó siendo mayormente gentil.  Esto gracias a que las barreras ente judíos, samaritanos y gentiles habían sido derrumbadas por Cristo[6].


            No podemos pensar que fue una época libre de persecución, puesto que los judíos incrédulos y aún paganos eran opositores del cristianismo; emperadores como Nerón en el año 64 y Domiciano en el 96[7] ejercieron cruentas persecuciones en contra de los cristianos.  Fue este último quien exiliaría a Juan a Patmos.  Pero no fueron los únicos, también Cómodo (180-192) y Marco-Aurelio (161-180) fueron perseguidores; así como otros gobernadores provinciales y aún la gente misma fue perseguidora[8].  Ello atendió al carácter exclusivista del cristianismo, que rechazaba no sólo otras religiones, sino aún la mezcla con ellas y, más aún, adorar al emperador, interpretada como una falta de lealtad al Imperio[9] y, por ende, “La propia existencia de la Iglesia se encontraba amenazada”[10].


            Fue en la región gentil de Antioquía que se comenzó a llamar cristianos a los creyentes, porque se les percibía como algo diferente al judaísmo y no se les percibía como una secta judía[11].


            En este periodo se llevó a cabo la “normalización, consolidación y conservación”[12] de las enseñanzas de los apóstoles, así como de sus tradiciones, mientras que el Evangelio se expandía gracias a la persecución iniciada por los judíos que se rehusaban a dejar sus tradiciones e historia arraigada; asimismo, la destrucción del templo judío quebró del todo el arraigo a Jerusalén como centro religioso[13].


III.           Breve Biografía


            Papías fue obispo de la iglesia de Hierápolis, que está ubicada en Frigia, Asia Menor[14] y fue contemporáneo de Policarpo[15].  Heriápolis estaba asentada entre Éfeso y Antioquía de Prisidia[16].  En el Nuevo Testamento los términos obispo, presbítero y anciano son equivalentes; en la época en que Papías fungió como obispo no había surgido con claridad el entendimiento de un obispo como diferente de los presbíteros, que se dio a finales del s. II[17].


            Papías fue contemporáneo de Ignacio de Antioquía, y éste ya empezaba a hacer la distención entre presbíteros y el obispo como principal representante de las iglesias[18].  No obstante, no resulta claro si es que Papías era obispo en el sentido que surgió con el devenir de los siglos; sin embargo, es posible que, por lo menos, sí fuera un líder principal de facto entre los presbíteros de esa iglesia[19].


            Poco es lo que se sabe de la vida de Papías; pero, habiendo sido contemporáneo de Policarpo, se piensa que pudo haber nacido poco antes que él (69 d.C.) y muerto entre el 115 y el 140[20].


            Es posible que haya sido discípulo del Apóstol Juan[21].  Ahora bien, Papías pareciera hablar de “dos Juanes, uno el apóstol y evangelista, y otro el anciano de Éfeso”[22], aunque no existe unanimidad para afirmar ni la existencia de dos Juanes célebres, ni que Papías se refiera a dos, sino que es factible que se refiriere al mismo discípulo amado[23].  No obstante, cualquiera que sea el caso, sin duda Papías vivió en un tiempo en que los apóstoles estuvieron vivos y supervisando la vida de las iglesias[24].


            En uno de los prólogos del evangelio de Juan (s. II), en latín, se dice que fue el escriba del mismo, habiéndosele sido dictado por Juan; quizás esto lo relató en su obra o quizás fue un añadido posterior, pero en los fragmentos que quedan no se aprecia tal afirmación y no existe suficiente evidencia para corroborarlo así[25].


            Papías se propuso preservar hechos y palabras de Cristo que no habían quedado registrado en los evangelios, para lo cual se basó en los relatos de cristianos judíos que fueron dispersados de Jerusalén y que decían haberlo recibido de los propios apóstoles[26].  Papías decía preferir la tradición oral, pues la consideraba “la viva voz perdurable”[27], “la sencilla enseñanza de la verdad, y más que las extrañas especulaciones sobre fantásticas observancias, los mandamientos dados inmediatamente por el Seños a nuestra fe”[28].  Este tiempo fue uno en que el Canon del Nuevo Testamento todavía no estaba reconocido, por lo que “los Primeros Padres muy a menudo citan la tradición oral en vez de la Palabra escrita”[29].


IV.            Aportes Teológicos y su Importancia


A.     Consideraciones Generales


            Pese a la intención antedicha de Papías, respecto a conservar aquéllo que no fue registrado en los Evangelios, “la Iglesia, en su conjunto, no los reconoció como genuinos”[30], aunque no fueron rechazados en forma uniforme.  Sus escritos datan de los años 110 a 130 d.C.[31]  Recordemos que su obra data del periodo de los padres apostólicos, en que se nota el cambio derivado de la muerte del último de los apóstoles, esto es, “se trata de la transición de la verdad dada por inspiración infalible a la verdad reproducida por pioneros falibles”[32].


            No obstante esto último, la obra de Papías, como la del resto de los Padres Apostólicos, nos dejan ver un poco de la iglesia temprana; así “podemos conocer algunos de los problemas que afligían y preocupaban a los cristianos de los primeros siglos”[33].  Asimismo, junto con Policarpo e Ignacio vemos el comienzo del desarrollo del pensamiento en Asia Menos y Siria, que hacen un mayor énfasis en la unión con Cristo que en un código de ética[34].


B.     Su Obra


            Su obra es conocida como Una exposición de los Oráculos del Señor, como La exégesis de los Oráculos del Señor o como Explicaciones de [las] Sentencias del Señor, que constaba de cinco partes[35], probablemente datada entre los años 110 y 130 d.C., y de la cual sólo se conocen unos fragmentos conservados por Eusebio[36].  Si bien, en general, la información que tenemos de la iglesia primitiva es poca[37], en el caso de Papías, es aún menor.  Sin embargo, debe recordarse que “los escritos de los Padres apostólicos contienen muy poco que sea doctrinalmente importante”[38].


            Aunque la palabra exégesis que algunos traducen como explicación o exposición, no es nueva, alguno afirma que puede ser la primera obra de exégesis del Nuevo Testamento[39].  No obstante, teniendo tan poco conocimiento de la obra completa, es muy aventurado decir que los cinco royos que componían esta obra fueran una adecuada exégesis del Nuevo Testamento, más aún cuando Papías ponía tanto énfasis en la tradición oral (misma que, recordemos, no siempre fue aceptada por la iglesia).


C.    Método y la Tradición Oral


           Papías mismo escribió que su transmisión de la verdad que había recibido, iba acompañado con sus “interpretaciones todo lo que un día aprendí muy bien de los presbíteros y que bien recuerdo, segurísimo como estoy de la verdad”[40].  De esta forma, Papías añadió tradiciones, que no eran necesariamente de primera mano, sino de terceros que decían haberlas oído y, más aún, con interpretaciones propias, lo que deja un reto en cuanto a qué de lo que dejó es realmente de origen apostólico[41].


            Ahora bien, esta inclinación por la tradición oral que manifiesta Papías no deja de hallar buena recepción dentro del catolicismo romano, como lo revela Daniel Ruiz Bueno[42] al afirmar “la simpatía que nos inspira este afán inquiridor de Papías, que nos revela una como nostalgia de la Iglesia toda por los tiempos en que la voz de los apóstoles y evangelistas tenía un eco inmediato de la palabra dulce y divina de Jesús”[43].  En forma similar, Juan Leal, después de citar a Papías aboga por la importancia de la tradición oral y aún se atreve a afirmar: “Los Apóstoles no recibieron de Cristo el encargo explícito de escribir, sino de predicar y por eso se consagraron de lleno a la tarea de la catequesis oral”[44].  Esta preferencia por la tradición, por encima de la certeza de la Palabra inspirada de Dios, sabemos el terrible efecto que ha tenido en la cristiandad.


            Los efectos de seguir a Papías en tal intención, por muy noble que quiera defender Roma, se vieron en sus propios relatos.  En Papías encontramos relatos que rayan en lo fantasioso o mítico, en fábulas o exagerado, como acontece con la muerte de Judas[45] o que Justo (Barsabás) bebió veneno sin sufrir daño[46].


D.    Aportación al Canon del Nuevo Testamento


            En cuanto al canon, de lo que se conoce de su obra, Papías reconoce los evangelios de Marcos (a quien menciona como intérprete de Pedro) y de Mateo[47], aunque no menciona alguna colección de evangelios[48]; no obstante, nos da un testimonio temprano acerca de la genuinidad y autoría de estos libros[49].


            Refiere al evangelio de Marcos como escrito en desorden (al parecer, respondiendo a críticas que se hacían del mismo); sin embargo, no resulta claro si su referencia es el orden en el evangelio de Mateo o al de Juan, que fue escrito en la región en donde él era ministro o, inclusive, por haber convivido con el propio apóstol[50].  Por estas razones, Bruce concluye que hay indicios de que conoció estos tres evangelios; asimismo, vemos que quizás sus posturas del canon influyeron en alguna medida a Irineo y Clemente[51].


            Papías alega también testimonio acerca de las primeras epístolas de Juan y de Pedro[52].  Si bien no se conoce el reconocimiento que Papías haya hecho de otros libros del canon, esto puede acontecer, como lo supone Lightfoot, al hecho de que Eusebio (por quien conocemos la obra de Papías) le interesaba el testimonio acerca de los libros dudosos[53].


E.     La Pericope Adulterae


            De acuerdo con Eusebio, Papías aún hace referencia a un pasaje del conocido como Evangelio según los Hebreos[54].  Ahora bien, el pasaje identificado por Eusebio como La Pericope Adulterae, pero no proporciona el contenido de dicho pasaje.


            Otros autores como Wescott, Hort y Lightfoot[55] refieren al pasaje que es conocido como La Mujer Adultera (Juan 7:53-8:11)[56], mismo que es muy discutido acerca de su pertenencia o no al Evangelio original de Juan[57].  La realidad es que existen antiguos manuscritos que no la contienen y otros que la colocan al final de Juan o en Lucas; pero hay algunos que dejan un espacio en donde debería ir este pasaje, dejando ver que tenían conciencia de que había una parte faltante.  No hay certeza al respecto; pero existen copias antiguas en griego y en latín que la contienen, como lo evidencia Jerónimo, traductor de la Vulgata.  Agustín afirmó que se quitó del texto para evitar que se alentase al pecado.  Adicionalmente, la evidencia interna (entre 7:52 y 8:12) sugiere que existe algo entre los hechos próximos y, más aún, que el contexto es congruente con su contenido.


F.     Los Dos Juanes y los escritos Juaninos


            En cuanto a la existencia de dos Juanes que mencionamos antes, algunos sugieren que Papías refiere a que el Apóstol murió martirizado, pese a que el resto de la tradición nos dice que no fue así, sino que murió de edad avanzada en Asia Menor[58].  No obstante, no existe certeza siquiera de que Papías hiciera esta afirmación[59].  La afirmación de los dos Juanes ha sido usada por teólogos racionalistas y liberales para poner en duda la inspiración divina de los escritos juaninos.


            Ahora bien, los testigos contemporáneos confirman no sólo la supervivencia del apóstol Juan a fines del primer siglo, sino también como el autor de los libros que se le atribuyen[60].  La confusión pudo atribuirse al desprecio de Eusebio del quilianismo de Papías y, por consecuencia, del libro de Apocalípsis, apuntando con ello a una autoría no apostólica; así, los críticos prefirieron dar por cierto lo que era una mera sospecha para Eusebio[61].


G.    Papías y Marción


     Al parecer, Papías tuvo algún contacto directo con Marción, a quien Papías rechazó por sus ideas poco convencionales[62].  Esta confrontación queda evidenciada en un prólogo en latín que se encuentra en el evangelio de Juan que es claramente antimarcionista[63].


H.    Papías y su escatología


            Papías era premilenarista, gracias a la interpretación literal de Apocalipsis 20:1-6 y por lo cual fue un escritor discutido en la antigüedad[64].  Berkhof señala que este fue el caso de algunos de los primeros Padres, en especial, de Papías e Ireneo, distinguiendo así entre una primera y una segunda resurrección, con vistas a una felicidad futura con “miras materialistas”[65].


            Su influencia no fue poca en la iglesia, respecto a su posición quiliástica, puesto que se le reconocía su opinión por su antigüedad[66], que Eusebio describe como mítica al hablar de diez mil años posteriores a la resurrección antes del reino milenial terrenal de mil años[67].


            Hace una afirmación acerca de los ángeles, a quienes supuestamente se les dio alguna potestad en relación con la ordenación del universo que terminó “en nada” o sirvió “de nada”, al haber sido derrotado Satanás[68]; sin embargo, no se puede derivar mayor doctrina o entendimiento de ello, pues el texto parece descontextualizado y no hay mayor evidencia de lo que argumentaba Papías al respecto.


V.               Reflexiones sobre su vida


            Es difícil juzgar la vida de Papías con la poca evidencia que tenemos.  Sin duda, es importante buscar la verdad; pero, hablado de la Revelación Divina, es importante cuidar nuestras fuentes, puesto que si Papías que vivió en la era apostólica y sobrevivió unas décadas a ellas, encontró confusión respecto a la verdadera tradición apostólica, ¡cuánto más nosotros después de siglos!


            Así, hemos de afirmar con Pedro, “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2ª de Pedro 1:19).


VI.            Conclusión


            Gracias a lo poco que ha sido conservado de Papías, así como lo obscuro y en algunas cosas, tergiversado por sus críticos u oportunistas, debemos tener cuidado con aquéllo que se deriva fácilmente de los fragmentos que se conservan.  No obstante, apreciemos la aportación que Papías hace al canon, gracias a la cercanía con la que vivió a la autoría de los libros que componen el Nuevo Testamento.


VII.        Fuentes de Consulta


Ayán, Juan José, “Introducción General” en Padres Apostólicos, Biblioteca Patrística (España, Ed. Ciudad Nueva, 2014), pp. 640.


Barclay, William, Comentario al Nuevo Testamento (E.U.A., Ed. Clie, 2006), pp. 1257.


Berkhof, Louis, Historia de las Doctrinas Cristianas (España, Ed. El Estandarte de la Verdad, Trad. Alonzo Ramírez Alvarado, 1995), pp. 360.


Bruce, F.F., El Canon de la Escritura (España, Ed. Andamio, 2014), pp. 350.


Bueno, Gustavo, Recuerdo de Don Daniel Ruiz Bueno (visible en la página de la Fundación Bueno, disponible en https://www.fgbueno.es/hem/1998eib.htm, consultado el 3 de abril de 2024).


Butler, Alban, “Papías de Heriápolis, Santo” en Catholic.net, extraído de Vidas de los Santos (E.U.A., Ed. Collier’s International – John W. Cluthe, 1965) (visible en https://es.catholic.net/op/articulos/56309/papas-de-hierpolis-santo.html#modal, consultado el 4 de abril de 2024).


Caba, José, De los Evangelios al Jesús Histórico (España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2ª ed., 1980), pp. 493.


Chapman, John, “San Papías” en Enciclopedia Católica Online (trad. Josep M. Prunés; visible en https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pap%C3%ADas, consultado el 4 de abril de 2024).


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Douglas, J, “Juan el Apóstol” en Nuevo Diccionario Bíblico [E.U.A., Ed. Sociedades Bíblicas Unidas, 2000] visible en https://www.biblia.work/diccionarios/juan-el-apostol-2/, consultado el 5 de abril de 2024.


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Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), (s/a, visible en https://studylib.es/doc/1871511/fragmentos-de-papias, consultado el 3 de abril de 2024), pp. 9.


González, Justo L., Historia del Cristianismo, Obra Completa (E.U.A., Ed. Unilit, 2009), Tomo I, pp. 570, Tomo II, pp. 573.


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Latourette, Kenneth Scot, Historia del Cristianismo, Tomo I (E.U.A., Ed. Casa Bautista de Publicaciones), pp. 819.


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Pérez-Milos, Samuel, “Introducción” al Evangelio Según Juan en Biblia de Estudio Matthew Henry (Corea del Sur, Ed. Clie, 2019), pp. 2195.


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Velasco-Delgado, Argimiro, “Introducción” en Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica (España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2008), pp. 690.


VIII.    Notas al Final


[1] Nombre recibido en el siglo XVII para aquellos escritores cristianos tempranos en la era de la iglesia o a quienes se les atribuyen esos primeros escritos cristianos, que tuvieron contacto (o, por lo menos, así se cree) con los propios apóstoles y que se dice han sido sus discípulos (Needham, Nick, 2000 Años del Poder de Cristo, Vol. 1 [E.U.A., Ed. Publicaciones Aquila, Trad. Loida Viegas Fernández, 2021], p. 71; Berkhof, Louis, Historia de las Doctrinas Cristianas [España, Ed. El Estandarte de la Verdad, Trad. Alonzo Ramírez Alvarado, 1995], p. 47; González, Justo L., Historia Abreviada del Pensamiento Cristiano [E.U.A., Ed. Clie, 2016], p. 25; Ayán, Juan José, “Introducción General” en Padres Apostólicos [España, Ed. Ciudad Nueva, 2014], pp. 9-10; Leal, Juan, El Valor Histórico de los Evangelios [España, Ed. Apostolado Mariano, 1965], p. 90).


Cabe señalar que Juan José Ayán (óp. cit., p. 9) indica que el término de padre apostólico lo uso originalmente Anastasio Sianita (s. VII-VIII); pero no se entendía como hoy lo entendemos, sino sólo aplicado a Dionisio Areopagita.


[2] Término derivado del griego y latín “padre”, por la era de los padres de la iglesia (Needham, Nick, óp. cit., p. 71).


[3] Ayán, Juan José, óp. cit., pp. 10-11.  Este autor en esta introducción argumenta varios criterios que se han establecido a lo largo de la historia; por rebasar los límites y objeto de este trabajo, no se abunda en ello.


[4] Needham, Nick, óp. cit., p. 75.


[5] El cristianismo inició, así, como una secta del judaísmo (véase Needham, Nick, óp. cit., p. 54; González, Justo L., Historia del Cristianismo, Obra Completa [E.U.A., Ed. Unilit, 2009], Tomo I, pp. 47-48; Latourette, Kenneth Scot, Historia del Cristianismo, Tomo I (E.U.A., Ed. Casa Bautista de Publicaciones, p. 103).


[6] Needham, Nick, óp. cit., p. 54, 57; González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, p. 48.


[7] Needham, Nick, óp. cit., pp. 60-62; González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, pp. 49-54; Ferguson, Sinclair B., Beeke, Joel R., y Haykin, Michael A.G., Church History 101, the Highlights of Twenty Centuries (E.U.A., Reformation Heritage Books, 2016), p. 3-4; Latourette, Kenneth Scott, óp. cit., Tomo I, pp. 123-126.


[8] Needham, Nick, óp. cit., p. 95; González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, pp. 63-65; Ferguson, Sinclair B., et all, óp. cit., pp. 5-6; Latourette, Kenneth Scott, óp. cit., Tomo I, pp. 119 y ss.  Esta persecución derivó de que el cristianismo dejó de ser considerado una secta judía y, por ende, permitida en el imperio (Needham, Nick, óp. cit., p. 96; Berkhof, Louis, óp. cit., p. 55).  Adicionalmente, puede apreciarse que el hecho de que Cristo era descendiente de David, así como sus hermanos de sangre (como fue el caso de Jacobo, asesinado por Herodes), no era del agrado para el imperio romano, en una época en que el nacionalismo judío estaba en ebullición (González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, p. 38).


[9] Needham, Nick, óp. cit., pp. 96-97; Berkhof, Louis, óp. cit., pp. 55-56; Ferguson, Sinclair B., et all, óp. cit., pp. 6-7; Latourette, Kenneth Scott, óp. cit., Tomo I, pp. 119-120,123.  A esto debe sumarse una serie de acusaciones hechas a los cristianos de prácticas malas, como canibalismo (por la Cena del Señor), incesto (puesto que se llamaban entre sí ‘hermanos’) y magia negra.


[10] Berkhof, Louis, óp. cit., p. 55.


[11] Needham, Nick, óp. cit., pp. 58- 59; González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, pp. 48-49; Latourette, Kenneth Scott, óp. cit., Tomo I, p. 104.  Véase cómo “Antes de esto, los cristianos se autodenominaban ‘seguidores del Camino´(Hch. 9:22; 22:4); sus enemigos judíos los llamaban ‘la secta de los nazarenos’ (Hch. 24:5)” (Needham, Nick, óp. cit., p. 59).


[12] Needham, Nick, óp. cit., p. 75


[13] Véase Needham, Nick (Íbid., pp. 54-56, 62-64), para entender las divisiones que surgieron entre  de los judíos, entre los judíos helenistas y los judíos palestinos, que aún subsistieron entre creyentes de ambos grupos (muestra de ello es que la persecución en Jerusalén no afectó a los apóstoles), así como el efecto de la guerra judía que fue acabada por Roma y la destrucción del templo, con la consecuente victoria de los fariseos como secta dominante del judaísmo que terminó por separar por completo a los cristianos de la adoración en la sinagoga.  Por su parte, los judíos veían al cristianismo como una secta más (véase González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, p. 48).


[14] Needham, Nick, óp. cit., p. 74; Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, III. 36 (España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2008), p. 182; Leal, Juan, óp. cit., p. 90.


[15] Berkhof, Louis, óp. cit., p. 48; Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos y Apologistas Griegos (s. II) (España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2002), p. 863.


[16] No debe confundirse Antioquía ubicada en Siria (a donde llegó el Evangelio con la persecución seguida a la muerte de Esteban [Hechos 11:19-21]), con Antioquía de Prisidia que está más al Occidente, más allá de Capadocia y Galacia.  Actualmente es Pambukealessi, Turquía (Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 863).


[17] Needham, Nick, óp. cit., p. 76.


[18] Needham, Nick, óp. cit., pp. 76-77.  Berkhof, Louis, óp. cit., p. 53.


[19] Needham afirma que era posible que desde muy temprano, de facto, se diera que alguna persona destacara en el liderazgo de cada iglesia, siguiendo el patrón de la sinagoga judía (una especie de presidente), sin que ello implique la distinción en autoridad que después fue distinguida por Ignacio de Antioquía y Justino Mártir (Needham, Nick, óp. cit., pp. 76-78).


[20] Chapman, John, “San Papías” en Enciclopedia Católica Online (trad. Josep M. Prunés; visible en https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pap%C3%ADas, consultado el 4 de abril de 2024); Butler, Alban, “Papías de Heriápolis, Santo” en Catholic.net, extraído de Vidas de los Santos (E.U.A., Ed. Collier’s International – John W. Cluthe, 1965) (visible en https://es.catholic.net/op/articulos/56309/papas-de-hierpolis-santo.html#modal, consultado el 4 de abril de 2024).


[21] Berkhof, Louis, óp. cit., p. 48; González, Justo L., Historia Abreviada…, óp. cit., p. 31; Bruce, F.F., óp. cit., pp. 158-159.


[22] González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, p. 42.  También véase González, Justo L., Historia Abreviada…, óp. cit., p. 32 y Bruce, F.F., óp. cit., p. 231. Encontramos testimonio de que Ireneo y Jerónimo señalan a Papías explícitamente como discípulo de Juan (Codesal Martín, Andrés, El Origen de los Evangelios, Serie de Estudios Bíblicos No. 4 [España, Ed. Apostolado Mariano, 2000], p. 16; Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., pp. 863, 868-869).  No obstante ello, de acuerdo con Daniel Ruiz, Eusebio niega este carácter de Papías, como discípulo de Juan el Apóstol (Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 867), aunque Eusebio indica que Papías sí fue su “oyente” (cita de Eusebio en el Cronicón [Suncell 655, 14] por Olymp. 220 en (citado en Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), [s/a, visible en https://studylib.es/doc/1871511/fragmentos-de-papias, consultado el 3 de abril de 2024], p. 1); aunque sí hace una distinción hablando de Policarpo, cuando lo señala como “discípulo de los apóstoles” y no reside da tal distinción a Papías (Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 36, p. 182).  El propio Papías afirma haber recibido la fe de aquéllos que fueron discípulos de los Apóstoles de Jesús (Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., pp. 873-874).


[23] Véase Robertson, Archibald Thomas, Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento, Obra Completa (E.U.A., Ed. Clie, 2003), p. 188 (este autor refiere que el propio Ireneo sólo conoció a un Juan); Leal, Juan, óp. cit., pp. 102-104 (éste menciona que aún Jerónimo lo pone en duda); Caba, José, De los Evangelios al Jesús Histórico (España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2ª ed., 1980), pp. 133-135; The Reformation Heritage KJV Study Bbile (E.U.A., Ed. Reformation Heritage Books, ed. Joel Beeke, 2014), p. 1861; New Bible Commentary (E.U.A.,Ed. IVP Academic e Inter-Varsity Press, 2010, ed. D.A. Carson y R.T. France), pp. 1021-1022; Pérez-Milos, Samuel, “Introducción” al Evangelio Según Juan en Biblia de Estudio Matthew Henry (Corea del Sur, Ed. Clie, 2019), pp. 1577-1578; MacArthur John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento Juan (E.U.A., Ed. Portavoz, 2011), pp. 18-19.


Otros, como William Barclay (Comentario al Nuevo Testamento [E.U.A., Ed. Clie, 2006], p. 372), sugieren que el anciano Juan fue el amanuense del apóstol Juan.


[24] González, Justo L., Historia del Cristianismo, óp. cit., Tomo I, p. 44.


Aún y cuando existe disputa acerca del uso que Papías da a la palabra presbíteros como algunas de sus fuentes, tanto por el uso que ésta tiene en otros escritos, como la tradición misma y evidencias que nos dan otros padres de la iglesia, consideramos que es evidente que su fuente sí fueron directa o, a lo sumo, indirectamente los mismos apóstoles (véase Leal, Juan, óp. cit., pp. 98-103).


[25] Bruce, F.F., óp. cit., pp. 158-159, 164 (nota al pie número 6); Codesal Martín, Andrés, óp. cit., pp. 16,31; Leal, Juan, óp. cit., pp. 105-106.


[26] Véase González, Justo L., Historia Abreviada…, óp. cit., p. 31; Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, pp. 190-191.


[27] Bruce, F.F., El Canon de la Escritura (España, Ed. Andamio, 2014), p. 121.  Véase Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 863; Jerónimo, der vir. Illust. 18, citado en Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), óp. cit., pp. 4-5; Caba, José, óp. cit., p. 133.


[28] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 865.


[29] Berkhof, Louis, óp. cit., p. 50.


[30] Needham, Nick, óp. cit., p. 74.


[31] Íbidem.


[32] Berkhof, Louis, óp. cit., pp. 49-50.


[33] González, Justo L., Historia Abreviada…, óp. cit., p. 25.


[34] Íbid, pp. 35-36.


[35] Dependiendo de la traducción, se les identifica a estas partes como rollos, libros o escritos.


[36] Berkhof, Louis, óp. cit., p. 48; Bruce, F.F., óp. cit., pp. 121,200; Justo L., Historia Abreviada…, óp. cit., p. 31.  Véase también Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, p. 190; Codesal Martín, Andrés, óp. cit., p. 15 y Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 863.  Lona, Horacio E. y Capboscq, Alberto C., Introducción a la Historia de la Literatura Cristiana (Argentina, Ed. Claretiana, 2012), pp. 47-48; Leal, Juan, óp. cit., p. 91 (éste data sus escritos de entre los años 125 y 130).


Argimiro Velasco-Delgado sugiere que los fragmentos con los que Eusebio cuenta con los Fragmentos de Papías de segunda mano y gracias a Clemente de Alejandría, en especial, cuando no hace referencia concreta a los libros de donde los toma (Véase “Introducción” en Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica [España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2008], p. 57).


Históricamente, se han manejado diversos fragmentos de Papías, existen ediciones que contienen nueve y otras hasta veinticinco; ello deriva que algunos otros autores han hecho citas acerca de Papías (tal y como se aprecia en las referencias que hacemos en este trabajo).  La realidad es que no existe más Información fuera de esos fragmentos y, de hecho, tampoco es posible ordenar conforme al original esos fragmentos que subsisten (en este sentido, véase Lona, Horacio E. y Capboscq, Alberto C., óp. cit., pp. 44-45).


[37] Latourette, Kenneth Scott, óp. cit., Tomo I, p. 101.


[38] Berkhof, Louis, óp. cit., p. 51.-


[39] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 863.


[40] Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, pp. 190-191.


[41] Chapman, John, óp. cit.  Caba, José, óp. cit., p. 132.


[42] De acuerdo con Gustavo Bueno (Recuerdo de Don Daniel Ruiz Bueno, visible en la página de la Fundación Bueno, disponible en https://www.fgbueno.es/hem/1998eib.htm, consultados el 3 de abril de 2024) Daniel Ruiz Bueno fue un sacerdote católico, inicialmente de la orden de misioneros claretianos, también catedrático de filosofía en varias instituciones, incluyendo, el Instituto Lucía de Medrano y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, así como autor prolífico y traductor de autores clásicos.  Asimismo, fue reconocido en la academia española dentro del círculo católico-romano y tendiente a la interpretación alegórica con tendencia racional.


[43] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 865.


[44] Leal, Juan, óp. cit., p. 57 (en el propio libro que se cita, el autor hace una pretendida distinción entre los no papistas calificándonos como “acatólicos”, véase p. 99).


[45] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., pp. 875, 878-879; Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, pp. 192-193; Chapman, John, óp. cit.; Lona, Horacio E. y Capboscq, Alberto C., óp. cit., pp. 49-50.


[46] Este Justo es aquél considerado por los apóstoles junto con Matías para sustituir a Judas (Hechos 1:21-26) (Véase Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, p. 193)


[47] Respecto a este evangelio afirma que fue escrito en hebreo; sin embargo, Bruce comenta que “puede que Papías, o cualquier informador sobre quine descansara en cuando a esto, no pudiera reconocer el griego traducido o diferenciarlo del griego no traducido” (Bruce, F.F., óp. cit., p. 128).  Algunos sugieren que Papías llegó a afirmar que Pedro tuvo a su disposición el evangelio de Marcos y lo aprobó (Velasco-Delgado, Argimiro, óp. cit., p. 89).  Véase también Codesal Martín, Andrés, óp. cit., pp. 16-17; Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 864; Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, pp. 194-195; Caba, José, óp. cit., p. 136-138.


[48] Bruce, F.F., óp. cit., pp. 126-127.


[49] Leal, Juan, óp. cit., pp. 10-12, 90; Caba, José, óp. cit., pp. 136-140.


[50] Bruce, F.F., óp. cit., p. 127; Caba, José, óp. cit., p. 136; Leal, Juan, óp. cit., pp. 105-106 (éste afirma que, justamente, esta temprana evidencia da muestra que es factible que Papías no sólo conociera también el cuarto evangelio, sino que también hubiere sido testimonio de su autenticidad y autoría).


[51] Eusebio de Cesarea, óp. cit., pp. 297, 375.


[52] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 877; Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, p. 195; Robertson, Archibald Thomas, óp. cit., p. 189.


[53] Lightfoot es referido por Bruce, F.F. (óp. cit., p. 177) en su ensayo titulado “El Silencio de Eusebio” (traducción propia).  En un sentido similar, véase Chapman, John, óp. cit.


[54] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 877; Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, p. 195; Robertson, Archibald Thomas, óp. cit., p. 189.


[55] Westcott y Hort: The New Testament in the Original Greek, 1. p. 241, II. pp. 82 ss. 91; Lightfoot: Essays on Supernatural Religion, p. 203 ss. [Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), óp. cit., pp. 3-4].


[56] Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, p. 195.


[57] Robertson, Archibald Thomas, óp. cit., p. 226 (a este respecto, es importante atender no sólo a lo dicho por el autor, sino también por la nota al traductor); The Reformation Heritage KJV Study Bbile óp. cit., p. 1525; Unger, Merril F., Manual Bíblico de Unger (Michigan, EEUU., Ed. Portavoz, 12ª ed., 1985), pp. 564; Hernández Osses, Héctor I., y Ardura Vallejos, Carmen Gloria, El Nuevo Testamento Interlineal, Griego-Español, Teológico y Exegético (Chile, Ed. Patmos, 2018), p. 338.


[58] Ruiz Bueno, Daniel, Actas de los Mártires (España, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 5ª ed., 2003) pp. 197-198.  Felipe de Side, un historiador del siglo IV, y Gregorius Hamartolus, un monje del siglo IX, refieren a esta afirmación de Papías, acerca de la muerte del apóstol Juan (Felipe de Side, Historia de Cristo, citado en Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), óp. cit., pp. 3-4.; Georgius Hamartolus, Cronicón, citado en Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), óp. cit., p. 4).


[59] Es posible que esta versión viniera de Felipe de Side y después retomada por Gregorius Hamartolos (quine también tomó una mala cita de Orígenes), de un fragmento poco confiable (Robertson, Archibald Thomas, óp. cit., p. 188; Douglas, J, “Juan el Apóstol” en Nuevo Diccionario Bíblico [E.U.A., Ed. Sociedades Bíblicas Unidas, 2000] visible en https://www.biblia.work/diccionarios/juan-el-apostol-2/, consultado el 5 de abril de 2024)


[60] Chapman, John, óp. cit.  Leal, Juan, óp. cit., p. 94; New Bible Commentary (E.U.A.,Ed. IVP Academic e Inter-Varsity Press, 2010, ed. D.A. Carson y R.T. France), p. 1423; Unger, Merril, óp. cit., p. 862.


[61] Robertson, Archibald Thomas, óp. cit., pp. 191, 720; Leal, Juan, óp. cit., pp. 95-96; The Reformation Heritage KJV Study Bbile óp. cit., p. 1861; Pérez-Milos, Samuel, “Introducción” a El Apocalipsis en Biblia de Estudio Matthew Henry (Corea del Sur, Ed. Clie, 2019), pp. 2094-2095; MacArthur, John, El Manual Bíblico MacArthur (E.U.A., Ed. Grupo Nelson, 2016), pp. 517-518.


[62] Bruce, F.F., óp. cit., pp. 136,158-159.


[63] Ibid., pp. 158,160; Leal, Juan, óp. cit., pp. 13-14.


[64] González, Justo L., Historia Abreviada…, óp. cit., p. 32.


[65] Berkhof, Louis, óp. cit., pp. 54,337-339.


[66] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 876; Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, pp. 193-194; Jerónimo, de vir. illust. 18 (Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), óp. cit., p. 5).


[67] Eusebio de Cesarea, óp. cit., III. 39, p. 193.


[68] Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos…, óp. cit., p. 879; Andrés de Cesarea, in Apocalypsin, c. 34, serm. 12 (Fragmentos de Papías (Citas en la literatura cristiana primitiva), óp. cit., p. 5).

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Cristiano; abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho, cuyo pasatiempo favorito es el béisbol.

 

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