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Los Dos Linajes de la humidad a lo largo de las Escrituras

  • Por Hernando J. Ochoa R.
  • 23 dic 2023
  • 15 Min. de lectura

Por Hernando J. Ochoa R.


I.                  Introducción

 

           El tema referente a las dos simientes o los dos linajes en la humanidad suele ser muy controversial, principalmente porque impacta en varias doctrinas de la gracia y, por ende, el debate entre arminianos y calvinistas.  Derivado de ello, considero que es importante atender a lo que la Biblia nos revela acerca del plan eterno de Dios y Su pueblo escogido.


            En este trabajo partimos de entender cómo es revelado muy pronto en la Palabra de Dios esta bifurcación en la humanidad, misma que no atiende a una cuestión de la carne (puesto que todos los seres humanos provenimos de los mismos padres), sino de una decisión soberana de Dios.


II.               Testigos Bíblicos


            Acaso una de las doctrinas más difíciles de digerir es la de la predestinación, porque resulta chocante a muchas preconcepciones (erróneas) que tenemos.  Sin embargo, cuando entendemos que ésta es una doctrina bíblica y que de la Biblia es de la que la ha derivado la Iglesia a través de los siglos, no queda más que rendirnos ante la Sabiduría de Dios en su planeación (Ro. 11:36), ya que “Todas las cosas redundan para Su gloria, reflejan Su valor, Su mérito, Su belleza y Su Majestad”[1] y ello incluye a toda la raza humana.  Uno de los temas de la historia de la redención que resulta en esta doctrina, es la de los dos linajes, el de la serpiente y el de la mujer, de Dios y de Satanás.  A lo largo de las Escrituras vemos que ha sido constantemente revelada y encontramos su culminación al final de los tiempos:


A.     Los Dos Linajes en Génesis 1 a 3


            En medio del juicio de Dios derivado de la desobediencia del hombre que causó su caída, encontramos la promesa de la redención que Dios llevaría a cabo (protoevagelio) en Génesis 3:15.  En este versículo apreciamos que Dios revela que la humanidad, descendiente de nuestros primeros padres, Adán y Eva, se dividiría en dos grupos: la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer.  La simiente singular de la mujer es el centro de la historia, ya que todo ha sido creado en Él, por medio de Él y para Él (Col. 1:16); esto es, vemos “un enfoque particular dirigido hacia la gloria del Hijo de Dios”[2], siendo también revelado desde esa primera promesa a Cristo con el carácter central de toda la trama[3].  No obstante, este versículo también nos abre la visión a otros personajes en la trama.


            La palabra hebrea para simiente es “zéra”, que es literalmente significa semilla y se usa, entre otros aspectos[4], para fruto o posteridad, aplicándose en sentido figurativo a la descendencia, estirpe o linaje[5].  Esta palabra puede entenderse en sentido singular (referido a una persona) o en sentido colectivo o plural (referido a un grupo de personas que descienden de un linaje).  En concreto, en el versículo en cuestión, Vine afirma que “La primera vez se refiere a los descendientes de la serpiente y del ser espiritual que usó a la serpiente (hombres malignos)” y respecto a la mujer, “se refiere a toda [su] descendencia y, por último, a un descendiente en particular”[6].


            No todos concuerdan con esta afirmación respecto a los dos sentidos, singular y plural.  Vos, por ejemplo, afirma que el sentido primario de la simiente de la mujer es colectivo (derivado del sentido colectivo del de la serpiente); no obstante, él también afirma que sí insinúa el sentido singular, en cuanto a que la simiente misma de la mujer asestará el golpe a la serpiente misma[7] y, por su parte, otros autores afirman que este pasaje nos da una alusión a la obra de Cristo[8].


            Con independencia de estas opiniones discordantes en la superficie, lo cierto es que concuerdan en que sea por un sentido directo o indirecto, el término apunta a ambos aspectos, singular y colectivo.  En todo caso, la analogía de la fe, como se expondrá en las siguientes secciones, nos brinda luz suficiente para considerar que, en efecto, la simiente, en su entendimiento teológico, aplica tanto a Cristo y Sus hijos (simiente de la mujer), como a Satanás y su descendencia (simiente de la serpiente, hombres malignos).


            Ahora bien, el hecho de que todo ser humano provenga de los mismos padres[9] y, no obstante, de dicha descendencia existan dos linajes, se atestigua que la diferencia entre ambos linajes no proviene de la carne, sino del Espíritu (Jn. 1:12-13) o de la “simiente espiritual”[10].  Este entendimiento fue claro aún en los primeros pasajes de la Biblia, en donde encontramos el nombre dado a Set (Gn. 4:25), después de que su hermano Abel fue asesinado por Caín, que “indican que ella [Eva] estaba buscando su semilla que lograría esta victoria”[11].  A diferencia del texto en Génesis 3:15, debe apuntarse que, en este versículo referente a Set, el término “semilla” se usa en sentido singular[12].


B.     Los Dos Linajes a lo largo del Antiguo Testamento


            Desde los primeros capítulos de Génesis, vemos cómo se dividió el linaje de la humanidad en dos, por un lado, los descendientes de la serpiente, como fue el caso de la descendencia de Caín (Gn. 4:17-24), que es contrastada con la descendencia de Set (Gn. 4:25-5:32).  Esta primera etapa la vemos culminada en toda la humanidad desviándose en contra de Dios (Gn. 6:3,5), contrastada con Noé, quien halló gracia delante de Dios (Gn. 5:32, 6:8-10).


            A lo largo de Génesis vemos este linaje escogido por Dios en la descendencia de Noé, con quien Dios hizo un pacto (Gn. 9:9-17); pero el mismo no continuaría con todos sus descendientes, sino que el pecado de Cam descubriría que su linaje correspondía al de la serpiente, mientras que Dios habitaría en las tiendas de Sem (lo que refiere a esa comunión entre Dios y el hombre); mientras que Jafet, si bien no recibe esa promesa específica, sí sería engrandecido, mas la promesa de la simiente de la mujer continuaría por el primero (Sem), tal como se confirma al ser el ancestro de Abram (Gn. 11:10-26).


            Es a través de Abraham que Dios haría de él una nación, de la que provendría la simiente redentora.  Este contraste queda claro con Lot, que si bien sería declarado justo (2 P 2:7), su descendencia correría otro destino, siendo los moabitas y amonitas despreciados por Dios (Gn. 19:36-38, Dt. 23:3-4).  Pero esta misma realidad sigue siendo confirmada con la misma descendencia de Abraham, cuyo primogénito, Ismael (Gn. 16:4,16), fue bendecido (Gn. 21:13), mas exiliado (Gn. 21:10); pero Isaac fue el hijo de la promesa (Gn. 21:1-3, Gal. 4:18).  Promesa que tampoco alcanzaron al resto de los descendientes de Abraham a través de Cetura.


            Después de Isaac, vemos a los gemelos, Esaú y Jacob, en la que el menor prevaleció sobre el primogénito una vez más, tal como se lo prometió Dios a Rebeca, su madre (Gn. 25:22-23).  En la providencia de Dios, el hijo de la serpiente menospreciaría su primogenitura (Gn. 25:27-34) y Jacob sería doblemente bendecido por su padre (Gn. 27).  Eventualmente, Jacob sería preparado por Dios y renombrado por Él como Israel (Gn. 32:28).  De esta descendencia es de donde Dios levantaría la nación prometida a Abraham (Gn. 12:2), con sus doce hijos, formando las doce tribus que conformaron a la nación de Israel.  Pero, particularmente, de la tribu de Judá levantaría la simiente singular que aplastaría la cabeza de la serpiente (Gn. 49:8-12); pero aún, de esas mismas tribus, se destaca que estaría presente la simiente de la serpiente (Gn. 49:16-17).


            Es curioso cómo vemos la descendencia (hb. toledá[13]) de algunos de la simiente de la serpiente, como es el caso de Caín, de Ismael y de Esaú.  Sin embargo, son narraciones históricas que no siguen su historia, porque ya no forman parte de la historia de la redención.


            En el siguiente escenario que apreciamos, en el libro de Éxodo, vemos el contraste del linaje de la mujer representado por la descendencia de Israel y el de la serpiente, por el pueblo de Egipto.  Una muestra manifiesta de ello se presenta al establecerse la Pascua, y cómo Dios haría la diferencia entre unos y otros, asesinando a los primogénitos de la simiente de la serpiente y preservándolos para Su pueblo escogido (Éx. 12:26-28).


            A lo largo del resto del Antiguo Testamento vemos que la historia se centra en la descendencia de Israel; sin embargo, dentro de este linaje de la carne vemos constantemente que de ese mismo linaje existieron quienes –a pesar de pertenecer a la descendencia de la carne de Abraham– eran del linaje de la serpiente, como fue el caso de Nadab y Abiú, hijos de Aarón (Lv. 10:1-2), de los diez espías que hicieron murmurar al pueblo contra Dios (Núm. 14:36-38), y de Coré, Datán y Abiram (Núm. 16).


            Acaso el contraste mayor lo vemos entre el pueblo de Dios, bendecido y protegido por el Señor, mientras que el resto de las naciones son juzgadas y castigadas por Dios, tal como se narra en el Pentateuco y en el libro de Josué (Jos. 12), y también en el libro de Jueces.  En estos casos, vemos cómo el pueblo de Dios es el instrumento de Dios mismo para aplastar la cabeza de la serpiente, representada en los enemigos de Dios.


            Así, entramos al libro de Rut, que enlaza la historia con los libros de Samuel, Reyes y Crónicas, justamente gracias a la simiente que vendría a través de ella y su marido Booz, puesto que en ellos vemos a los antecesores de nuestro Señor Jesucristo desde Fares hasta David (Rut 4:18-22, Mt. 1:3-6)[14].


            A lo largo de los libros de Samuel, Reyes y Crónicas vemos la historia de Israel encontrando el contraste entre reyes claramente de la simiente de la mujer, como el caso de David y Salomón, así como de la simiente de la serpiente, como el caso de Saúl y Acaz.  En la línea real vemos la Providencia de Dios para dar cumplimiento al pacto con David y el cumplimiento de hacer permanecer su descendencia, su simiente, en el trono (Sal. 132:11) y que culminaría con Cristo, como el último y eterno Rey.


            En los libros de los Profetas vemos tanto el llamado de Dios a Su pueblo para que corrijan el camino, así como las advertencias ante su desobediencia.  También vemos la reiteración de las promesas de Dios, entre ellas, la de la simiente de la mujer que aplastaría la cabeza del enemigo, lo que apunta al sentido singular de la simiente de la mujer.   En cuanto a la promesa de esa simiente individual, el profeta Isaías nos habla de que vendría de un nacimiento virginal, la llegada de Dios con nosotros (Is. 7:14, Mt. 1:23).  El profeta Miqueas nos habla de su lugar de nacimiento y de Su muerte y resurrección, una vez completada la conversión de todos los de la simiente de la mujer (Mi. 5:2-3).


            Ahora bien, en los profetas también vemos un remanente que da a entender esa descendencia de la mujer en sentido plural de la promesa contenida en Génesis 3:15 (2 Rey. 19:4,31, 2 Cro. 30:6, 34:9,21, Esd. 9:8,13-15, Neh. 1:3, Is. 10:20-21, 11:11,16, 28:5, 37:4,32, 49:6, Jer. 23:3, 31:7, 42:5,19, 43:5, 44:7, Ez. 9:8, 11:13, 14:22, Jl. 2:32, Am. 5:15, Abd. 1:17, Mi. 4:7, 5:7-8, 7:18, Sof. 2:7,9, 3:13, Zac. 8:6,11-12, 9:7).  El pueblo de Israel se enfrentaría a los desafíos derivados de la enemistad con la simiente de la serpiente; pero también derivados de su propia desobediencia.  Como consecuencia, sufrieron guerras, hambrunas, exilios y Dios, manteniendo Su promesa de la simiente de la mujer, siempre procuró un remanente[15], que conforma el verdadero Israel (Ro. 9:6-8), “los que son hijos según la promesa son contados como descendientes” (v. 8)[16].


C.    Los Dos Linajes en el Nuevo Testamento


            En el Nuevo Testamento lo que vemos es el cumplimiento de la simiente individual, cumpliendo particularmente promesas concretas dadas por los profetas (Mt. 1:23,25, Lc. 1:31-35,76), que se materializan en Cristo.  Así, es que vemos en Jesucristo, la Segunda Persona de la Trinidad, quien es el “Hijo, nacido de mujer” (Gal. 4:4), con una clara alusión al cumplimiento del protoevangelio.


            A lo largo del Nuevo Testamento, sus autores usan ecos que encontramos en el Antiguo Testamento para recordarnos cómo Cristo es el cumplimiento de las promesas, como lo dice Pablo “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (1 Cor, 1:20).


            Ahora bien, tanto Juan el Bautista, como nuestro Señor Jesucristo hacen aseveraciones claras respecto a personas que eran claros descendientes de la serpiente (Mt. 3:7,12, 12:34, 23:33), como son los escribas y fariseos que no creyeron el mensaje y se rehusaron a aceptar a Jesucristo como la simiente de la mujer prometida[17].  La referencia a “generación de víboras” es una clara alusión a la “simiente de la serpiente”, que nos hace eco de la primera promesa del protoevangelio.


            En la parábola del trigo y la cizaña (Mt. 13:24-30,38-43) vemos claramente los dos linajes, plural, de la simiente de la mujer referida como el trigo, y la simiente de la serpiente, que es identificada como la cizaña.  Ambos crecen juntos en el campo que es el mundo y su fin es al momento del regreso de nuestro Señor Jesucristo.  Es de destacar cómo Cristo hace referencia a dos linajes: “los hijos del Reino” y “los hijos del malo”, entendiéndose como una clara alusión a los linajes de la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, respectivamente..


            En este mismo sentido, el Apóstol Juan es claro en enfatizar el contraste entre las dos simientes, referidas claramente como hijos de Dios e hijos del diablo (Jn. 8:44, 1 Jn. 3:8,10) y, de hecho, hemos de hacer algunos señalamientos que aparencen en la parábola del redil y del buen pastor.  Como dice Hamilton, “Jesús llama ovejas a su pueblo porque las ovejas tienen características que su pueblo tiene”[18].  En estas parábolas vemos cómo es que las ovejas que oyen la voz del pastor no se trata de ovejas que fueran antes cabras, sino ovejas extraviadas del redil que escucharon y reconocieron la Voz de su Buen Pastor (Jn. 10:3,14,16).  Esto implica que pertenecían a la simiente de la mujer, pero andaban descarriadamente, como si fuesen de la simiente de la serpiente.  El resto, los que no escuchan ni reconocen a Jesucristo como el Mesías prometido, actúan de esa forma debido a que no son de Dios y no pueden –siquiera– escuchar las palabras de Cristo (Jn. 8:42-43,47). 


            Esta es la razón por la que podemos entender entonces que esta simiente de la mujer, en su sentido plural, el remanente, los que han de creer son dados por el Padre y el Hijo no pierde ninguno (Jn. 6:39), es un fundamento claro que entona con la elección del Padre (Ef. 1:4) y la predestinación (Ro. 8:29-30).  Finalmente, Dios “Ya había determinado llamar un pueblo para sí mismo por medio de Su Hijo Jesús y restaurar todas las cosas bajo su gobierno”[19].


III.           Otros temas relacionados


            Un tema claro que vemos en la distinción de los dos linajes, es que el destino para los dos linajes es totalmente distinto; para los impíos, castigo y para los justos, bendición (Sal. 11:5, 32:10, 37:17, 75:10; Pr. 28:1; Is. 65:14; Mal. 3:18; Ro. 2:9).  Muy al inicio de la creación vemos la realidad en el diluvio universal, puesto que toda la humanidad se había desviado en contra de Dios, mientras que una familia de ocho personas fue preservada por Dios (Gn. 6:11-13,18, 7:1; 1 P 3:18-20).  De ellas, la descendencia de Cam fue maldecida y la de Sem, bendita, puesto que en sus tiendas habitaría Dios (Gn. 9:25-27).


            De la mano con las dos simientes, está el castigo, “las imágenes de aplastamiento de la cabeza de Génesis 3:15 se combinan con el lenguaje y las imágenes de la bendición”[20] y, así mismo, derivado de que la simiente a que se refiere este versículo refiere tanto al sentido singular, como al plural, se entiende el conflicto entre ambas simientes y en ambos sentidos (singular y plural)[21].  Así, en el Éxodo, vemos el diferente destino de una nación tan “poderosa” como Egipto y la nación débil de Israel, en el que Dios trata diferentemente a unos y a otros; por un lado Egipto es castigado, sus primogénitos muertos y su ejército que sucumbe (Éx. 1-12,14).  Por su parte, el pueblo de Israel, siendo esclavo, fue liberado en forma milagrosa y conducido en dirección de la tierra prometida, que apunta a la nueva tierra y los nuevos cielos.


            Un tema que marca distinción entre la simiente de la mujer y la de la serpiente, es que a la primera se le dan leyes y señales que marcan una distinción, que apuntan a la formación del carácter de Cristo en Su simiente.  Tal es el caso no sólo de la circuncisión, sino del día de reposo[22] (Éx. 31:12-17).  Ante la imposibilidad del pueblo de Dios para ser obediente, en el Nuevo Pacto Él mismo se encarga de grabar esta ley en el corazón de la simiente escogida, para que podamos, así, cumplir con Su Palabra, aunque todavía de forma imperfecta.


IV.            Culminación en Cristo


            Como acertadamente lo presente Richard Barcellos en la conclusión de su libro Mejor que el Principio[23], el diseño original y el propósito para el cual el Dios Trino creó todo, fue tener un pueblo con el cual habitara.  Cristo implica la culminación de la promesa hecha en Génesis 3:15, siendo la simiente de la mujer que llevó a cabo la restauración; pero, además, lleva a todos los hijos de Dios a esa comunión plena con Él, la simiente en su sentido plural, aquéllos que invocan el nombre del Señor, nacidos de Él, vivificados por Su Espíritu y que confiaron en la simiente singular de la mujer para cumplir esa promesa[24].


            El punto final de la historia será marcado también por el regreso de nuestro Señor Jesucristo, cuando ponga fin a la enemistad entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente; pero no por una reconciliación, sino por que Su pueblo entrará en el gozo de Su Señor, mientras que el resto, los que siguieron a Satanás, serán echados al lago de fuego (Ap. 19:20, 20:10).


V.               Conclusión


            La Teología Bíblica no hace sino develarnos las maravillas de la autoría del Dios Trino detrás de la revelación bíblica.  A través de cómo el plan de Dios siempre fue tener un pueblo con el cual establecería un santuario en el que Él habitaría con ese pueblo, podemos entender cómo es que era parte del mismo plan tener un pueblo escogido, regenerado por Él mismo, llevándose toda la gloria.


            Parte de ese plan y de Su gloria develada es que éste sería llevado por Su autor y consumador, Jesucristo, Dios Mismo encarnado.  De esta forma, la simiente de la mujer singular lleva a cabo la redención de la simiente de la mujer plural, presentándose a sí mismo “na iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:27).


VI.            Fuentes de Consulta


Barcellos, Richard C., Mejor que el Principio, La Creación desde una Perspectiva Bíblica (Ecuador, Legado Bautista Confesional, 2020), pp. 179.


___________________, Entendiendo el Huerto Correctamente, el trabajo de Adán y el reposo de Dios a la luz de Cristo (Ecuador, Legado Bautista Confesional, 2022), pp. 395.


Goldsworthy, Greame, Cómo predicar de Cristo usando toda la Biblia, cómo aplicar la Teología Bíblica en una predicación expositiva (Colombia, Ed. Torrentes de Vida, 2012), pp. 347.


Hamilton Jr., James, ¿Qué es la Teología Bíblica?, Una guía para la historia, el simbolismo y los patrones de la biblia (Colombia, Monte Ato Editorial, 202), pp. 133.


Henry, Mathew, Comentario Bíblico (E.U.A., Traducido y adaptado al castellano por Francisco Lacueva, Obra completa sin abreviar, Ed. Clie, 1999), pp. 1999.


Keil, Carl Friedrich, y Delitzsch, Franz, Comentario al Texto Hebreo del Antiguo Testamento, Pentateuco e Históricos (Barcelona, España, Ed. Clie, Trad. Ivo Tamm, 2008), pp. 1402.


Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia Nelson (México, Ed. Wilton M. Nelson, ed. Juan Rojas Mayo, 2013), pp. 1210.


Roberts, Vaughan, El Gran Panorama Divino, La Biblia de Comienzo a Fin (México, Ed. Libros Gran Pano-rama, 2008), pp.

158.


Stock, John, A Handbook of Revealed Theology (E.U.A., Sprinkle Publications, 2013), pp. 523.


Strong, James, Nueva Concordancia Strong Exhaustiva (E.U.A., Ed. Nelson, 2003), pp. 977, 146, 96, 256.


Vine, W.E., Diccionario expositivo de palabras del Antiguo t Nuevo Testamento Exhaustivo de Vine (EE. UU., Ed. Grupo Nelson,

2007), pp. 397 y 1040.


Vos, Geerhardus, Teología Bíblica del Antiguo y Nuevo Testamento, El desarrollo orgánico, histórico y progresivo del plan de

Dios (Perú, Ed. Teología para Vivir, 2021), pp. 588.


VII.        Notas al Final


[1] Barcellos, Richard C., Mejor que el Principio, La Creación desde una Perspectiva Bíblica (Ecuador, Legado Bautista Confesional, 2020), p. 10.  Véase también Hamilton Jr., James, ¿Qué es la Teología Bíblica?, Una guía para la historia, el simbolismo y los patrones de la biblia (Colombia, Monte Ato Editorial, 202), pp. 37-38.


[2] Barcellos, Richard, Mejor…, óp. cit., p. 35.


[3] Stock, John, A Handboook of Revealed Theology (E.U.A., Sprinkle Publications, 2013), p. 61.


[4] Véase Vine, W.E., Diccionario expositivo de palabras del Antiguo t Nuevo Testamento Exhaustivo de Vine (EE. UU., Ed. Grupo Nelson, 2007), pp. 312-313.


[5] Strong, James, Nueva Concordancia Strong Exhaustiva (E.U.A., Ed. Nelson, 2003), Cap. Diccionario Strong de palabras

hebreas y arameas del Antiguo Testamento y su traducción en la Versión Reina Valera 1960, p. 37.

[6] Vine, W.E., óp. cit., p. 313.  En un sentido similar, véase Keil, Carl Friedrich, y Delitzsch, Franz, Comentario al Texto Hebreo

del Antiguo Testamento, Pentateuco e Históricos (Barcelona, España, Ed. Clie, Trad. Ivo Tamm, 2008), pp. 59-60.


[7] Vos, Geerhardus, Teología Bíblica del Antiguo y Nuevo Testamento, El desarrollo orgánico, histórico y progresivo del plan

de Dios (Perú, Ed. Teología para Vivir, 2021), pp. 92-93.


[8] Roberts, Vaughan, El Gran Panorama Divino, La Biblia de Comienzo a Fin (México, Ed. Libros Gran Panorama, 2008), p. 48.  Henry, Mathew, Comentario Bíblico (E.U.A., Traducido y adaptado al castellano por Francisco Lacueva, Obra completa sin abreviar, Ed. Clie, 1999), pp. 22-23.


[9] Aún María, la madre de Jesús, es descendiente de Adán y Eva (Lc. 3:12-38), por lo que –aunque nuestro Señor fue concebido por el Espíritu Santo (Lc. 1:30-31, Mt. 1:20)– y, por ende, no tuvo un padre humano biológicamente hablando, Su naturaleza humana es completa, a través de Maria, descendiente de nuestros primeros padres.  En este mismo sentido, véase, Keil, Carl Friedrich, y Delitzsch, Franz, óp. cit., pp. 59-60.


[10] Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia Nelson (México, Ed. Wilton M. Nelson, ed. Juan Rojas Mayo, 2013), p. 1057.


[11] Hamilton Jr., James, óp. cit., p. 47.


[12] Vine, W.E., óp. cit., p. 313.


[13] Esta palabra implica descendencia, familia y, en forma figurativa, historia; es aplicado al linaje de las personas (Strong, James, óp. cit., Cap. Palabras hebreas, p. 142).


[14] Véase Goldsworthy, Greame, Cómo predicar de Cristo usando toda la Biblia, cómo aplicar la Teología Bíblica en una predicación expositiva (Colombia, Ed. Torrentes de Vida, 2012), pp. 200-202.


[15] Este remanente en muchos casos es entendido en el sentido histórico, respecto a situaciones políticas o militares; sin embargo, considero que aún así apuntan al remanente espiritual del que habla Pablo en Romanos.  Véase, Hamilton Jr., James, p. 40.


En este sentido, Vine refiere a que la forma en que se usa el remanente de los israelitas de eventos como guerras, pestilencias y hambrunas, es una tipificación del pueblo escogido (Vine, W.E., óp. cit., p. 285).


[16] Véase Goldsworthy, Greame, óp. cit., pp. 238-239 y


[17] Cfr. Hamilton Jr., James, óp. cit., p. 32.


[18] Hamilton Jr., James, óp. cit., pp. 103-104.  Véase también, Henry, Matthew, óp. cit., p. 1402.


[19] Roberts, Vaughan, óp. cit., p. 46.


[20] Hamilton Jr. James, óp. cit., p. 49.


[21] Vos, Geerhandus, óp. cit., p. 93.


[22] En este sentido, exceden los límites de este trabajo entrar al análisis del día de reposo como un diseño previo a la ley mosaíca; pero, en este sentido, véase, Barcellos, Richard, Entendiendo el Huerto Correctamente, el trabajo de Adán y el reposo de Dios a la luz de Cristo (Ecuador, Legado Bautista Confesional, 2022), pp. 245-267, 369-372.


[23] Barcellos, Richard, Mejor…, óp. cit., pp. 167-175.


[24] Hamilton Jr., James, óp. cit., p. 31.  Vine, W.E., op. cit., p. 313.  Stock, John, óp. cit., pp. 126-128.

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Cristiano; abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho, cuyo pasatiempo favorito es el béisbol.

 

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