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La Suficiencia de las Escrituras (CBFL1689 1.6)

Por Hernando J. Ochoa R.


I.                  Introducción


            La Palabra de Dios y, subrepticiamente, el Carácter de Dios han sufrido ataques desde el Edén, puesto que cuando la Primera es atacada, el Segundo va necesariamente involucrado en el ataque.  Desde entonces, cada época ha tenido su ámbito de ataque específico y su correspondiente respuesta por el verdadero pueblo de Dios.


            Actualmente, gracias a ideologías que han apelado a los sentimientos y las emociones de las personas, se ha puesto en duda la suficiencia de las Escrituras y es por ello importante dar respuesta a los ataques.


II.               Argumento Bíblico


            Anastasio escribió “Las sagradas y divinamente inspiradas Escrituras son suficientes para la exposición de la verdad”[1].  Si no se entiende con claridad el concepto de la Suficiencia de las Escrituras, ésta se convierte en un blanco fácil de ataque.  La Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689 (1.6) (“Confesión”) delimita acertadamente aquéllo para lo cual la Biblia es suficiente.  Esto implica que la Biblia no es “omnisuficiente” o “todosuficiente”[2], sino que “señala la credenda, lo que debemos creer, y la agenda, lo que hemos de practicar (…) el modelo exacto de cómo debe ser la religión, y (…) lo profundo de Dios”[3].


            Así, todo el Consejo de Dios concerniente a “las cosas que son necesarias para Su propia gloria, la salvación del hombre la fe y la vida”[4] está contenido en la Palabra de Dios.  En el lenguaje de Pablo (2 Tim. 3:15-17), la Biblia contienen lo suficiente que una persona sea “sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”[5], puesto que Ella es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.  De esta forma, en las Escrituras encontramos lo suficiente para “la redención del hombre tanto individual como colectivamente en toda la esfera ética y religiosa de la vida”, siendo las Escrituras “plenamente suficientes para todas sus necesidades como hombre de Dios”[6].


            La Biblia nos enseña también, como parte de aquéllo en lo que el hombre sea perfecto y esté preparado para toda buena obra, que Ella es suficiente para darnos esperanza, paciencia y consuelo (Ro. 15:4)[7].  En este sentido, la suficiencia de las Escrituras (de la mano con Su claridad) nos hacen responsables ante Dios para cumplir con aquéllo que Dios ha mandado, ordenado y demandado de nosotros[8].


            La suficiencia de la Escritura implica no sólo aquéllo que está expresamente escrito, sino lo que está contenido en ella[9], es decir, lo que se puede deducir lógicamente de ella (en palabras de la Confesión, “necesariamente contenido”).  Básicamente con esto, se entiende que no existe nada del mismo rango autoritativo de la Biblia, que no esté escrito en la Palabra de Dios o se pueda derivar de ella racional y lógicamente[10].


            Si bien la cita de Timoteo a que aludimos esta primariamente dirigida al anciano de una iglesia, secundariamente alcanza para todo creyente que ha de ser instruido con base en la Palabra de Dios.  Así lo confirman otros textos de la Biblia, dirigidos a todos los creyentes (1 Tim. 5:10, 2 Tim. 2:21, Tit. 1:16, 2:14,3:1[11]); por ello podemos afirmar que es “absolutamente suficiente para la transformación, la restauración, la perfección, la conversión, la salvación de la persona interior”[12].  Es por ello, que el mensaje de la Biblia no puede ser alterado (Gál. 1:8-9), ni adicionado en forma alguna (Dt. 4:2, Ap. 22:18[13]), toda vez que es completa para el fin que Dios la reveló (Sal. 19:7).  A esta misma conclusión es a la que nos lleva el autor de la epístola de los Hebreos en sus primeros versículos, hablando de la revelación total que es nuestro Señor Jesucristo (1:1-3; véase Jn. 14:8-9)[14] y es gracias a ello que podemos entender que Pablo fue apto para haber dado a conocer “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27)[15].


            Es gracias a todos estos aspectos que, si bien no podemos hablar de la “omnisuficiencia” de las Escrituras, sí podemos afirmar que en la Biblia encontramos los principios suficientes como base para toda actividad en nuestras vidas, puesto que todas ellas deben estar encaminadas a dar gloria a Dios (1 Co. 10:31).  La Biblia nos será suficiente aún para rechazar toda mentira que la contradiga, en cualquier ámbito de la vida (Ro. 3:4)[16].


III.           Importancia e Implicaciones Doctrinales


            Una de las partes más trascendentales de la Suficiencia de las Escrituras es que si la ponemos en tela de duda, estamos haciendo lo mismo con otros aspectos del carácter de Dios.  Tal sería el caso de poner en duda Su sabiduría y Omnisciencia, puesto que haría dudar si es que pudo haber revelado más de haber conocido el futuro.  También pondría en duda la compasión y amor divinos, puesto que no hubiera previsto lo suficiente para el propósito para el cual decidió revelarse, por mencionar algunos ejemplos.


            Cristo y Su obra consumada son suficientes para que un verdadero creyente se acerque y sea acepto por Dios (Ef. 1:6), tal como ha sido revelado.  Por un lado, esta verdad va de la mano con la suficiencia escritural, debido a que, si la negásemos, nos llevaría a pretender buscar invenciones y aún obras con las cuales pretender agradar a Dios (cfr. Col. 2:20-23).  Por otro, negar la suficiencia escritural también pone en duda la conclusión de Su obra; aunque no son iguales –Cristo y la revelación–, no debemos separar la idea de que la revelación de los hechos redentivos a lo largo de la Biblia tuvieron su cumplimiento en Cristo, tal y como está suficientemente revelado[17].


            La suficiencia de las Escrituras nos debe llevar a que sólo en Ella es donde debemos “buscar las palabras de Dios para nosotros”[18] y, así, sean éstas las verdaderas palabras de Dios en las se “base su doctrina o directrices”[19].  La tradición y las nuevas revelaciones quedan excluidas, bastando el texto de la revelación ya dada; una afirmación contraria implicaría la negación de que Cristo es la revelación final y suprema de Dios[20].              Así como la Biblia, siendo suficiente, nos es útil para contrarrestar todo error y toda falsa doctrina, si pensáramos que fuera insuficiente, también pensaríamos que somos susceptibles de ser engañados, aún conociendo la Biblia; pensaríamos que la armadura de Dios estaría incompleta, porque le faltarían pedazos a la espada del Espíritu[21].


            La realidad es que “No necesitamos añadir nada a la Biblia para cumplir los retos presentes, ni sacar nada de ella y así encajar en los ideales modernos”[22].  Sin que ello sea obstáculo para que reconozcamos la necesidad del Espíritu Santo para que nos ilumine, puesto que Él no añade a lo ya revelado, sino que a través de ello nos hace palpable esa suficiencia escritural (Ro. 12:2)[23].


IV.            Aplicación Práctica


            La trascendencia de Dios, Su naturaleza como Creador y la nuestra como criaturas, hace que sea indispensable conocerle sólo a través de cómo Él se ha revelado a Sí Mismo; de lo contrario, terminamos distorsionándolo y terminamos adorando ídolos[24].  Así no sólo distorsionamos nuestra realidad misma, sino aún el propósito por el cual Dios nos creó; cambiamos la Verdad de Dios por la mentira (Ro. 1:25).  El problema es que las distorsiones comienzan sutil y subrepticiamente (Col 2:8), como ecos del olvido de la suficiencia escritural.


            Sea falta de fe, la incapacidad para ser confrontado con la verdad o simple “aburrimiento”[25], lo cierto es que la negativa de la suficiencia de las Escrituras se ha hecho presente aún entre quienes se llaman cristianos.  Contrariamente a la percepción de estos últimos, quienes la niegan, la Suficiencia de la Biblia nos debería dar contentamiento, gozo y paz[26].


            Los instrumentos para pretender suplir la supuesta insuficiencia de la Biblia varían; pero el problema doctrinal es el mismo que cuando el agnosticismo quiso alejar la Verdad, o bien, que cuando la tradición y el magisterio se pretendieron apoderar de la Verdad[27].  Aún y cuando en la propia Biblia se nos revela que habrá una última revelación final cuando Cristo regrese, por el momento, “Estamos todavía esperando el cumplimiento de lo que ya hemos conocido”[28], lo que quita todo sentido a cualquier otra revelación diversa a la ya suficientemente concluida y a la única anunciada.


            La necesidad de la revelación especial va de la mano con su suficiencia[29].  De hecho, una de las lecciones que ha corroborado la historia después del oscurantismo que enfrentó la humanidad en la Edad Media, es que el corazón engañoso del hombre (Jer. 17:9) lo lleva a seguir tradiciones y supersticiones que lo alejan del Dios Único y Verdadero.  Es así como un paso lejos de la Biblia es un paso lejos de Dios; entre otros engaños que enfrentamos es por pensar, erróneamente, que la Palabra de Dios es insuficiente para nuestra relación con Dios y para entender y enfrentar nuestros tiempos.  Pero la Palabra de Dios es eterna (Sal. 119: 142,144) y perfecta (Sal. 19:7), es decir, Su suficiencia no sólo es en los tiempos en que se reveló, sino lo será aún hasta el final de los tiempos, pues es “la voz mismísima de Dios”[30].


            La aplicación primordial de la Suficiencia de las Escrituras radica en que ellas son “el medio completo y suficiente”[31] en que se ha de basar todo medio de gracia para conocer, obedecer y relacionarnos con Dios.  Esto es así, porque aún para tener una adecuada concepción de Jesucristo como Mediador, del Espíritu Santo como iluminador y la oración, por mencionar algunos aspectos, son suficientes las Escrituras para guiarnos y no tener que buscar fuera de ellas elementos agnósticos, místicos o de cualquier otra naturaleza que sólo nos alejarían de nuestro Dios.


            Y no sólo ello, sino que también nos alejaría de la obra redentora de Cristo, puesto que “Si decimos que la revelación no está completa, debemos admitir que algo de la obra de la redención también sigue sin terminar”[32].  Sin duda, la Trinidad sigue actuando en Su Creación, pero a través de la obra consumada y suficientemente revelada que encontramos en la Palabra de Dios.


            Este entendimiento de la Suficiencia de las Escrituras es aplicable tanto en la vida individual y familiar, como en la eclesiástica.  Siendo la base de nuestra relación con Dios y, por ende, el Libro suficiente para darnos libertad verdadera “del pecado, de la culpa, de la opresión de Satanás, y de los que sirven a Satanás”[33], instrumento fiel para derribar, edificar y plantar (Jer. 1:10).  El problema empieza cuando se olvida la suficiencia de las Escrituras y, lejos de ser libertadoras, se crean esclavos de doctrinas de hombres (sean como tradiciones o enseñanzas extrabíblicas)[34].


            La iglesia presenta una ola semejante de herejías gracias a que han olvidado la sangre de aquellos hermanos que defendieron la Palabra de Dios como “la fuente [suficiente] del conocimiento verdadero de Dios y la certeza de la salvación”[35] para volverse a supuestos profetas, apóstoles, visiones, sueños, emociones y experiencias.  Sin embargo, la realidad es que Dios ha revelado lo suficiente no sólo para que seamos salvos, sino aún para vivir una vida que glorifique a Dios[36].


            El entendimiento de esta doctrina nos debería llevar a profundizar en nuestra lectura, estudio y meditación de la Palabra de Dios para hallar las respuestas que buscamos y maravillarnos aún más en nuestro Dios.  En efecto, podemos afirmar que “La Escritura no nos da información exhaustiva sobre todos los temas, pero, en todos los temas de los cuales habla, la Biblia dice lo que es verdadero”[37] y, más aún, suficiente y necesario para nuestra vida de piedad (1 P. 1:3).


V.               Conclusión


            Sin duda, existen situaciones difíciles en la vida moderna y acaso una repulsión por ser despreciados por el mundo, como nuestro Señor Jesucristo advirtió que pasaría (Jn. 15:18-19), que llevan a muchos a acudir a fuentes externas a la Biblia para buscar respuestas actuales; sin embargo, concibiendo que la suficiencia escritural tiene las limitaciones apuntadas en el numeral II de este ensayo, debemos de tener sumo cuidado en no dar la misma autoridad a las respuestas propuestas por el mundo que a las que ya Dios nos ha dado suficientemente en Su Palabra.


VI.            Fuentes de Consulta


Beeke, Joel R., y Smalley, Paul M., Teología Sistemática Reformada, Revelación, Volumen 1 (E.U.A., Publicaciones Kerigma, 2019), pp. 404.


Berkhof, Louis, Introducción a la Teología Sistemática (Colombia, Libros Desafío, 2002), pp. 225.


Confesión Bautista de Fe de 1689 (E.U.A., Ed. Editorial Peregrino, 4ª ed. Revisada por Chapel Library, 2009), pp. 44.


DeYoung, Kevin, Confía en Su Palabra, por qué la Biblia es necesaria y suficiente y lo que eso significa para ti y para mí (E.U.A., Editorial Portavoz, 2014), pp. 127.


El Himnario Bautista de la Gracia (E.U.A., Ed. Publicaciones Faro de Gracia, 2000), pp. 305.


Green, Guillermo, Juan Calvino y la Suficiencia de las Escrituras (Costa Rica, Editorial CLIR, 2017), pp. 51.


Grudem, Wayne, Teología Sistemática (E.U.A., Ed. Vida, 2009), pp. 1366.


Haskell, Rob, Hermenéutica, Interpretación eficaz hoy (Colombia, Editorial Clie, 2009), pp. 304.


Hodge, Charles, Teología Sistemática (E.U.A., Editorial Clie, 2010), pp. 956.


MacArthur, John, MacArthur, John, El poder de la Palabra y cómo estudiarla (E.U.A., Ed. Portavoz, 2010), pp. 125.


_______________, Scripture is Sufficient del 1° de marzo de 2015 (visible en su versión transcrita en https://www.gty.org/library/sermons-library/80-420/~/about, consultado el 25 de agosto de 2023).


_______________, “Introducción” en El Pastor en la Cultura Actual (E.U.A., Editorial Nivel Uno, ed. John MacArthur, 2016), pp. 5-12.


MacArthur, John, y Mayhue, Richard, Teología Sistemática (E.U.A., Editorial Portavoz, 2017), pp. 1008.


Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres (E.U.A., Ed. Legado Bautista Confesional, edición de lectura, 2021), pp. 124.


Stock, John, A Handbook of Revealed Theology (E.U.A., Sprinkle Publications, 2013), pp. 523.


Waldron, Sam E., Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689 (E.U.A., Ed. Publicaciones Aquila, Trad. Demetrio Cánovas Moreno, 2016), pp. 653.


_________________, El Principio Regulador de la Adoración (Chile, Legado Bautista Confesional, 2021), pp. 103.


_________________, ¿Cómo, pues, deberíamos adorar? (E.U.A., Legado Bautista Confesional, 2023), pp. 397.


Watson, Thomas, Tratado de Teología (E.U.A., El Estandarte de la Verdad, 2013), pp. 556.


Williamson, G.I., La Confesión de Fe de Westminster para clases de estudio (Colombia, Ed. Poiema Publica-ciones, 2015), pp. 430.


White, James R., Scripture Alone (E.U.A., Minnesota, Ed. Bethany House, 2004), pp. 221.


VII.        Fuentes de Consulta


[1] Citado por DeYoung, Kevin, Confía en Su Palabra (E.U.A., Editorial Portavoz, 2014), pp. 45-46.


[2] Waldron, Sam E., Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689 (E.U.A., Ed. Publicaciones Aquila, Trad. Demetrio Cánovas Moreno, 2016), p. 61.  Véase también Stock, John, A Handbook of Revealed Theology (E.U.A., Sprinkle Publications, 2013), pp. 20-21.


[3] Watson, Thomas, Tratado de Teología (E.U.A., El Estandarte de la Verdad, 2013), p. 68.  Véase Stock, John, óp. cit., p. 21; Hodge, Charles, Teología Sistemática (E.U.A., Editorial Clie, 2010), p. 121; y Beeke, Joel R., y Smalley, Paul M., Teología Sistemática Reformada, Revelación, Volumen 1 (E.U.A., Publicaciones Kerigma, 2019), p. 327, 328..


[4] Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres (E.U.A., Ed. Legado Bautista Confesional, edición de lectura, 2021, p. 12); la traducción de Editorial Peregrino que deriva de la versión de Chapel Library (Confesión Bautista de Fe de 1689 [E.U.A., Ed. Editorial Peregrino, 4ª ed. Revisada por Chapel Library, 2009], p. 9) y la versión de Cristianismo Histórico (El Himnario Bautista de la Gracia [E.U.A., Ed. Publicaciones Faro de Gracia, 2000], p. 246), coinciden en los términos traducidos.


[5] Véase también Stg. 1:21.


[6] Waldron, Sam E., Exposición… óp. cit.., p. 62,64.  Véase Williamson, G.I., La Confesión de Fe de Westminster para clases de estudio (Colombia, Ed. Poiema Publicaciones, 2015), pp. 28-29.


[7] MacArthur, John, El poder de la Palabra y cómo estudiarla (E.U.A., Ed. Portavoz, 2010), pp. 10-11.


[8] John Frame dice respecto a la Biblia que es “suficientemente clara para hacernos responsables para cumplir con nuestras responsabilidades ante Dios” (citado por DeYoung, Kevin, óp. cit., p. 45).


En este sentido, no escapa a nuestra atención que la segunda parte del párrafo 1.6 de la Confesión que hace alusión a las circunstancias referentes a la adoración de Dios y al gobierno de la iglesia, mismas que deben ser atendidos con base en la “luz de la naturaleza y prudencia cristiana”.  Aunque podría parecer que la Biblia es insuficiente para temas tan trascendentes, lo cierto es que de su adecuado análisis, se demuestra que es un argumento claro de lo que es la suficiencia de las Escrituras, siempre y cuando delimitemos su objeto su objeto, como proponemos.


Las circunstancias a que alude la Confesión siempre deben de ser orientadas por otros elementos que, a su vez, siempre están subordinados a las Escrituras [Véanse las distinciones que hace Sam Waldron entre los elementos y las circunstancias de la adoración para aclarar estos puntos: El Principio Regulador de la Adoración (Chile, Legado Bautista Confesional, 2021), pp. 17-18,61-65, 90-92, y ¿Cómo, pues, deberíamos adorar? (E.U.A., Legado Bautista Confesional, 2023), pp. 133-152].


[9] A este respecto, Sam Waldron considera que la expresión “necesariamente contenido en la Santa Escritura” es equivalente a lo que la Confesión de Westminster refiere como aquéllo que se puede deducir de la Biblia (Waldron, Sam E., Exposición… óp. cit., pp. 60-61).


[10] Berkhof, Louis, Introducción a la Teología Sistemática (Colombia, Libros Desafío, 2002), pp. 188-189; Beeke, Joel R., y Smalley, Paul M., óp. cit., p. 327.


[11] Véase Waldron, Sam E., Exposición…óp. cit., p. 65.


[12] MacArthur, John, Scripture is Sufficient del 1° de marzo de 2015 (visible en su versión transcrita en https://www.gty.org/library/sermons-library/80-420/~/about, consultado el 25 de agosto de 2023); véase también MacArthur, John, “Introducción” en El Pastor en la Cultura Actual (E.U.A., Editorial Nivel Uno, ed. John MacArthur, 2016), pp. 8-9.


[13] G.I. Williamson analiza este versículo y demuestra que no sólo es añadir algo al libro de Apocalipsis, sino que Juan, siendo el último de los apóstoles, afirma categóricamente que no se puede colocar nada por encima o sobre el fundamento puesto por los apóstoles junto con él (óp. cit., p. 29).


[14] A este respecto, Kavin DeYoung afirma “Cristo es el agente final y superior de la redención y la revelación de Dios” y, posteriormente, explica cómo el autor de Hebreos presenta a Jesucristo en este sentido, como heredero de todo, creador de todas las cosas, sustentador de todas las cosas, la revelación de Dios, el purificador de nuestros pecados, sentado a la Diestra de Dios y superior a todo mensajero, dando la palabra final de Dios (DeYoung, Kevin, óp. cit., pp. 48-49).


En este mismo sentido, Rob Haskell afirma que ante la pregunta de Felipe respecto a la revelación del Padre, Cristo es la “suma revelación del Padre” (p. 31) y, respecto a Hebreos 1:1-3, este mismo autor afirma que “Jesucristo es el cumplimiento de lo que vieron y proclamaron los personajes de la historia judía” (p. 32) [Haskell, Rob, Hermenéutica, Interpretación eficaz hoy (Colombia, Editorial Clie, 2009), pp. 30-33.


[15] Véase Williamson, G.I., óp. cit., pp. 28-29.


[16] Cfr. Waldron, Sam E., Exposición… óp. cit., pp. 62-63; y Stock, John, óp. cit., p. 21.


[17] Véase DeYoung, Kevin, óp. cit., pp. 50-51.  En este sentido Charles Hodge afirma “No se niega con ello que Dios se revela a Sí mismo, mediante sus obras, en su eterno poder y Deidad, y que así lo ha hecho desde el comienzo del mundo.  Pero todas las verdades así reveladas son claramente dadas a conocer en su Palabra escrita.” (óp. cit., p. 121).


En este sentido, deben entenderse las palabras dadas a los apóstoles como parte de la revelación misma dada por Cristo, que en su momento llevó a cabo a través de Sus apóstoles y gracias a la obra del Espíritu Santo (Jn. 14:26) [Véase Haskell, Rob, óp. cit., p. 61].


[18] Grudem, Wayne, Teología Sistemática (E.U.A., Ed. Vida, 2009), p. 131.


[19] Beeke, Joel R., y Smalley, Paul M., óp. cit., p. 326.


[20] White, James R., Scripture Alone (E.U.A., Minnesota, Ed. Bethany House, 2004), pp. 109-111.


[21] Williamson, G.I., óp. cit., p. 29.


[22] DeYoung, Kevin, óp. cit., p. 45.


[23] Sam Waldron también apunta acertadamente que la suficiencia de las Escrituras no diluye la responsabilidad del creyente para ejercer los medios de gracia que lo lleven al entendimiento correcto de las Escrituras (Waldron, Sam E., Exposición… óp. cit., p. 65).


[24] Cfr. Green, Guillermo, Juan Calvino y la Suficiencia de las Escrituras (Costa Rica, Editorial CLIR, 2017), pp. 12-13, 15-17.  Véase también White, James R., óp. cit., pp. 17-19, 24-26.


[25] DeYoung, Kevin, óp. cit., p. 46.


[26] Grudem, Wayne, óp. cit., p. 131, 138-139; MacArthur, John, “Introducción”, óp. cit., pp. 8-9.


[27] A este respecto, Louis Berkhof describe cómo la tradición fue adoptada por la doctrina católico-romana, al inicio, más de facto que doctrinalmente hablando, gracias a que se reconocía que no era tan sencillo identificar la tradición que fuera auténticamente apostólica.  El hecho de que la práctica terminase absorbiendo la doctrina originaria debe ser una lección para toda iglesia en el llamado a ser reformada, siempre reformándose (óp. cit., pp. 188-189).


[28] Haskell, Rob, óp. cit., p. 33.


[29] En realidad, todos los atributos de la Palabra de Dios están entrelazados entre sí, siendo, como bien lo apuntan Beeke, Joel R., y Smalley, Paul M., (óp. cit., p. 324-325), la suficiencia el corolario que se necesita distinguir para un adecuado entendimiento.  Por las limitaciones del presente ensayo, no profundizamos más en las relaciones que tiene este atributo con el resto.


[30] Green, Guillermo, óp. cit., p. 30.  Véase también White, James R., óp. cit., p. 111; y MacArthur, John, “Introducción”, óp. cit., pp. 8-9.


[31] Green, Guillermo, óp. cit., p. 5.


[32] DeYoung, Kevin, óp. cit., p. 51.  Véase también Haskell, Rob, óp. cit., pp. 60-62.


[33] Green, Guillermo, óp. cit., p. 7.


[34] Cfr. La referencia a los “papistas” de Watson, Thomas, óp. cit., pp. 68-69.  En este sentido, Charles Hodge acusa a los protestantes de su tiempo también de caer en el mismo error de sujetar conciencias de las personas a opiniones de personas, afirmando que sólo la Palabra de Dios (refiriéndose a la integridad de las Escrituras) nos hace libres (óp. cit., p. 122).  A este respecto, también resultan útiles las aplicaciones prácticas que señala Wayne Grudem respecto a no igualar a la autoridad de la Biblia aspectos ajenos a ella, como hizo Roma, o bien, pecados no considerados como tales en ella (óp. cit., pp. 136-137).


[35] Green, Guillermo, óp. cit., p. 11.


[36] DeYoung, Kevin, óp. cit., p. 45.  MacArthur, John, “Introducción”, óp. cit., pp. 8-9.  Grudem, Wayne, óp. cit., pp. 132-133.  MacArthur, John, y Mayhue, Richard, Teología Sistemática (E.U.A., Editorial Portavoz, 2017), pp. 107-108.


[37] DeYoung, Kevin, óp. cit., 55.  Véase también Grudem, Wayne, óp. cit., p. 135.

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