Isaías 52:13-53:12 "El Siervo Sufriente, rechazado y exaltado"
Por Hernando J. Ochoa R.

I. Introducción
El pasaje que hemos decido analizar es la profecía acerca del Mesías como Siervo Sufriente, revelada a través del profeta Isaías. La razón de la selección radicó en que Isaías es el libro del Antiguo Testamento (“AT”) mesiánico por excelencia y –al haber transitado en falsas iglesias – hube escuchado muchas tergiversaciones del mensaje.
II. Exégesis de Isaías 52:13-53:12
A. Contexto histórico del libro
Isaías ejerció su ministerio entre finales del s. VIII y principios del s. VII a.C., perteneciente al reino del sur[i]. A lo largo del libro, Dios nos presenta imágenes muy claras de nuestro Señor Jesucristo y Su iglesia, como ese remanente que es “el núcleo de un pueblo renovado y escogido”[ii].
El pueblo atravesaba una decadencia espiritual durante su ministerio, siendo él un hombre “influyente, culto e inteligente”[iii], contemporáneo de reyes buenos y malos a la vez[iv]. Vio las consecuencias políticas y militares de tal decadencia: la presión ejercida por Siria junto con Israel, la presión de Asiria[v], la caída de Israel, el sometimiento de Judá a los asirios y los conflictos subsecuentes que demostraban la fidelidad de Dios.
B. Contexto literario
En los primeros capítulos del libro (1-39) vemos la advertencia del profeta acerca del juicio venidero sobre diversas naciones; no obstante, contiene un mensaje de esperanza a Su pueblo. Después vemos un mensaje de consolación y esperanza (caps. 40-55) mientras el pueblo se encuentra en el exilio. Finalmente, los capítulos acerca de la restauración del remanente (caps. 56-66)[vi].
C. Exégesis de Isaías 52:13-53:12
Aunque encontramos algunas variantes[vii], en realidad, ninguna que merezca mayor atención en este trabajo. El texto en estudio se centra en una persona[viii] cuya vida y obra es profetizada en lo que parece ser una paradoja: su humillación y su exaltación.
La palabra clave con la que se refiere Dios a esta persona es “Siervo” (Is. 52:13, 53:11), que en hebreo es la palabra ébed (sustantivo) que refiere no sólo a sirviente, sino incluso a esclavo. Si bien es una palabra muy comúnmente usada en el AT (803 veces[ix]) y tan sólo en Isaías 40 veces, lo cierto es que en el pasaje en estudio está precedida del pronombre posesivo “mi”, refiriéndose al “Siervo de Dios”.
Otros personajes del AT llamados así[x] son Abraham (Gen. 26:24), Moisés (Núm. 12:7-8), Caleb (Núm. 14:24), David (2Sam. 7:5,8), Ahías (1Rey. 14:18), Job (1:8,2:3), Isaías (20:3), Eliaquim (Is. 22:20), Nabucodonosor (Jer. 25:9), Zorobabel (Hag. 2:23)[xi].
En estos casos es Dios Mismo aplicando ese sustantivo a personas en particular y, salvo en este pasaje, están identificadas concretamente[xii]. Lo que podría parecer un término despectivo, termina siendo una insignia de honor: Ser el siervo de Dios. En varios de los casos, implica una relación especial con Dios[xiii]; también vemos en varios de estos casos que esos siervos del AT son tipos o imágenes de Cristo.
Lo que parece hacer de todas estas personas un siervo de Dios es que llevarían a cabo un servicio u obra específicos en el plan de redención y por encargo de Dios. Acaso es por eso que Is. 53:1 habla del “brazo” del Señor. Éste es un antropomorfismo que lo vemos manifestado en el poder de Dios liberando a su pueblo (Dt. 4:34, 5:15, 7:19, 11:2); el término hebreo zeroa es traducido en otras partes como poder (Ez. 17:9, 22:6).
El Siervo de Dios, actuará manifestando el poder de Dios en la redención de Su remanente. Esto lo deja claro el contexto próximo: hay un clamor por el despertar poderoso del brazo de Dios (51:9), despertar que quedará manifiesto ante todos (52:10) y la referencia al brazo mismo de Dios en la ejecución de la redención (59:16, 62:8, 63:5).
Bajo esta misma línea de pensamiento, vemos referencias a una persona concreta, como el Siervo del Señor y aún como “Israel mi siervo”, en el sentido escatológico, señalando hacia el Mesías (42:1, 43:10, 49:3,5-6, 50:10)[xiv]. Es entonces el Mesías, una persona concreta, a Quien Dios Mismo llama “mi Siervo”, quien redimirá definitivamente a Su pueblo, al remanente o Israel verdadero, Sus elegidos. Es Éste, pues, “mi siervo (…) en quien mi alma tiene contentamiento” (Is. 42:1) o, como el Nuevo Testamento (“NT”) lo registra, en quien el Padre tiene “complacencia” (Mt. 317, 17:5, Mr. 1:11, Lc. 3:22).
El texto nos presenta la forma paradójica en la que esta redención la llevaría a cabo; una forma que no sólo asombraría (Is. 52:15), sino que sería un mensaje oído y rechazado, salvo por el remanente (Is. 53:1, Jn. 12:38, Ro. 10:16)[xv]. En la parte final del capítulo 52 nos da un resumen de la humillación y exaltación del Siervo, que nos lleva a pensar en el Salmo 2 y Filipenses 2:5-11. Esto nos habla de la culminación respecto a su “dignidad y poder (…) [siendo] admirado y reconocido”[xvi] por toda rodilla y lengua (Is. 45:23), pues su impacto será universal.
En el capítulo 53 vemos un paralelo de lo anterior[xvii], cuando Isaías nos explica a detalle la humillación[xviii] y exaltación. Así, Le vemos sin atractivo, rechazado y menospreciado, experimentado en (todo tipo de) dolores (v. 3); recibiendo el castigo de Dios sin objeción (vv. 10,5-8), y vemos descripciones precisas acerca de la vida, obra y muerte del Mesías (vv. 8-9), así como la exaltación final (vv. 11-12) con la culminación de Su encargo completado. Así el Mesías redimiría a Su pueblo de su rebelión contra Dios, cargando en Él lo que a su pueblo pecador nos correspondía.
Los versículos 4 al 9 del capítulo 53 expresan el tiempo conocido “como tiempo ‘perfecto profético’ que significa hablar de un suceso futuro como si ya hubiera ocurrido”[xix], lo que es un reflejo de la Soberanía de Dios en los acontecimientos descritos (Hch. 2:23), de la Eternidad misma del Cordero (Ap. 13:8), para mostrarnos la certeza de la profecía (temas, el primero y el tercero, presentes en el libro de Isaías).
El versículo 10 del capítulo 53 nos lleva a la culminación de la obra del Siervo, dando Su vida por el remanente (Mr. 10:45, Jn. 6:51); pero el profeta deja en claro que la muerte del Siervo no sería el final, sino que habría de resucitar, puesto que “verá linaje, vivirá por largos días”. Ahí vemos la “voluntad de Jehová será en su mano prosperada”, como nos lo enseña el remanente resultante, el Israel espiritual, la Iglesia. Con ello, apreciamos que es preciso un conocimiento personal y experiencial de Él, que conduce a la salvación (Is. 53:11)[xx] y es también una referencia a la salvación por medio de la fe[xxi].
En el NT encontramos referencias claras que nos enseñan acerca de cómo Jesucristo es el Siervo Sufriente del que habla Isaías; aquí cuatro: rechazado y sufrido (Is. 53:1, Jn. 12:38), señales (Is. 53:4, Mt. 8:17), muerte y sepultura con ricos e impíos (Is. 53:9, Mt. 27:44, Lc. 23:50-56) y resurrección (Is. 53:10,12, Mt. 28:9, Mr. 16:9, Lc. 24:7).
III. Interpretaciones erróneas del texto
A. Crítica textual
A finales del s. XVIII, algunos han considerado que existen diferentes ideas y estilos a lo largo del libro de Isaías, y aseguran una diferente autoría del mismo[xxii]; sin embargo, existen elementos que justifican considerar su unidad, como son las etapas en la vida del profeta y de la vida política del pueblo, un análisis más detallado de los temas teológicos, el carácter profético de los últimos capítulos a un futuro más lejano y referencias interbíblicas. Los datos precisos del cautiverio y liberación, y del carácter del Mesías, hace sospechar que sean las presuposiciones de los críticos (sean racionalistas, nacionalistas judíos o aquéllos influenciados la filosofía)[xxiii] las causas de su crítica.
B. Interpretación dispensacionalista
El texto en estudio debe verse en su contexto próximo (los primeros versículos del capítulo 52 y los subsecuentes), que hablan de la restauración completa y eterna de la “nación” de Israel. El dispensacionalismo lo entiende como un cumplimiento separado de la iglesia y el texto en estudio es percibido como una causa necesaria y directa del rechazo de la nación, los vv. 4-6 a como una confesión del pecado nacional[xxiv] y aún la sustitución por los judíos[xxv]. La clara referencia universal del profeta en el versículo 5 (“todos”) y la invitación universal del capítulo 55 (“todos”) desacreditan tal postura.
C. Interpretación errónea sobre la identidad del siervo
El “Siervo de Dios” ha sido interpretado como un colectivo (el pueblo de Israel o su remanente) o como un individuo contemporáneo a Isaías. No obstante, la luz que nos brinda el NT es suficientemente clara para concluir que el texto es un claro referente a Cristo. El siervo Israel/Jacob (Is. 41:8-9, 44:1-2,21, 45:4, 48:20, 49:3-6)[xxvi] es una mera figura del Mesías o de la iglesia, según sea el caso. Felipe resuelve el punto ante el cuestionamiento del etíope (Hch. 8:31-35) y la identificación respecto a quién se refería Isaías.
D. Doctrina de la prosperidad
Como ha sido bien documentado por Justin Peters[xxvii], una de las doctrinas más nocivas propagadas por el falso evangelio de la prosperidad es que “siempre es la voluntad de Dios sanar de toda enfermedad a los creyentes”. Para tales efectos, usan como base el versículo 4 del capítulo 53 de Isaías, interpretándolo en una completa descontextualización del pasaje: tanto referente a la redención completa, perfecta y eterna, esto es, las enfermedades como efecto del pecado en el lenguaje hebreo (metonimia[xxviii]). Algunas iglesias ven este pasaje como una pauta hablar incluso de un “ministerio de sanación” encargado a las iglesias, más allá de la expansión del Reino de los Cielos[xxix]
Sin duda, Mateo (8:17) hace referencia a la sanidad que Cristo dio a la suegra de Pedro; sin embargo, no debemos perder de vista la visión monodimensional de los escritores, así como las señales que acompañarían al Mesías, y que corroboran Quien es Jesús. En este último sentido, debemos recordar que el perdón de pecados no es visible a los ojos humanos; pero la sanación de una enfermedad es evidente y es en ese sentido que Mateo está citando a Isaías, como el cumplimiento de la profecía del Siervo de Dios y la evidencia de la redención lograda en el plan divino[xxx].
E. Alegorización Católico-Romana
Algunos intérpretes católicos entienden a la “tierra seca” de Is. 53:2 como la madre de Jesús, esto es, como una “tierra no arada, sino solamente fecundada con el rocío del cielo”[xxxi]. Esto representa la clásica alegorización de los papistas, que descontextualizan el texto que no hace referencia al nacimiento virginal de Jesús.
En este sentido, el término tierra seca (siya) es usado de la misma forma en Sal. 63:1 y en Jer. 51:43, y en otras ocasiones como sequía (Job 24:19), desierto (Job 30:3, Sal. 78:17, 107:35, Jer. 2:6), sequedales (Sal. 105:41, Jer. 50:12). Más concretamente, Isaías lo refiere como desierto (35:1, 41:18) y, dependiendo el contexto, lo podemos entender como un lugar físico o, en el sentido figurado, como una especie de sequía espiritual. Hablando del pasaje y su contenido profético, consideramos que es en este último sentido que lo debemos entender (con independencia de que Jesús aparecería en un contexto desértico, junto con Juan el Bautista).
IV. Conclusión
Una interpretación correcta de un texto tan importante como el que nos ocupa, por la precisión de la profecía, así como por lo devastador que resulta a tantas falsas doctrinas (incluyendo las señaladas en la sección III de este trabajo), nos reafirmará la riqueza en la inspiración divina de la Palabra, puesto que es uno de los propósitos del libro: La Verdadera Divinidad del Señor, Quien la inspiró y nos llama a “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Is. 46:9-10).
V. Fuentes de Consulta
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Berkhof, Louis, Principios de Interpretación Bíblica (Colombia, Ed. Libros Desafío, 2005), pp. 192.
Henry, Mathew, Comentario Bíblico (E.U.A., Traducido y adaptado al castellano por Francisco Lacueva, Obra completa sin abreviar, Ed. Clie, 1999), pp. 1999.
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MacArthur, John, Biblia de Estudio MacArthur (EE. UU., Ed. Vida, 2015), pp. 2076.
Pagán, Samuel, Los Libros Proféticos del Antiguo Testamento (EE. UU., Ed. Clie, 2016), pp. 170.
Peters, Justin, The Devilish Puppet Master of the Word-Faith Movement (Selected Scriptures) (consultado en https://youtu.be/kOTrMSOrYew el 4 de junio de 2023).
___________, Clouds without water – False Prophets (con-sultado en https://youtu.be/y8aIS-dhU-s el 4 de junio de 2023).
___________, Spiritual Shipwreck of the Word—Faith Movement (Selected Scriptures) (consultado en https://youtu.be/MJDmjFPFFJc el 4 de junio de 2023).
___________, The Hurt of Healing (consultado en https://youtu.be/YJ9L_J-aMPA el 4 de junio de 2023).
Roberts, Vaughan, El Gran Panorama Divino (México, Ed. Gran Panorama, 2008), pp. 158.
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Scio de San Miguel, Felipe, La Sagrada Biblia, Tomo Segundo del Antiguo Testamento (Barcelona, España, Traducción al español de la Vulgata Latina, Ed. Grande Establecimiento Tipolitográfico Editorial de Ramón Molinas, s/a), pp. 819.
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Vallés, Teresa, Sagrado corazón de Jesús (artículo publicado en Catholic.net, http://es.catholic.net/op/articulos/1341/sagrado-corazn-de-jess.html#modal, consultado el día 4 de junio de 2023).
Vine, W.E., Diccionario expositivo de palabras del Antiguo t Nuevo Testamento Exhaustivo de Vine (EE. UU., Ed. Grupo Nelson, 2007), pp. 397
VI. Notas a pie
[i] Unger, Merril F., Manual Bíblico de Unger (Michigan, EE. UU., Ed. Portavoz, 12ª ed., 1985), pp. 312,315. Longman III, Tremper, y Dillard, Raymond B., Introducción al Antiguo Testamento (Michigan, EE. UU., Ed. Desafío, 2007), pp. 365,367. Benware, Paul N., Panorama del Antiguo Testamento (Michigan, EE. UU., Ed. Portavoz, 19ª ed., 2018), pp. 197-198.
[ii] Longman III, Tremper, y Dillard, Raymond B., óp. cit., p. 380.
[iii] Pagán, Samuel, Los Libros Proféticos del Antiguo Testamento (EE. UU., Ed. Clie, 2016), p. 42.
[iv] Unger, Merril F., óp. cit., 313.
[v] Tal fue el caso de la asociación necia de Acaz con Asiria, pese al consejo de Dios que hubo recibido del propio Isaías (véase Pagán, Samuel, óp. cit., p. 43).
[vi] Este entendimiento general del libro de Isaías ha llevado a algunos a considerar que existieron dos o tres autores diversos. Esto lo abordaremos en la Sección III, inciso A. del presente trabajo.
[vii] La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional, La Biblia del Nuevo Milenio (EE. UU., Ed. Sociedad Bíblica Internacional, 1999), pp. 770-771, refiere a las contenidas en 52:14-15, 53:9-11.
[viii] Aunque existe un debate, como lo analizaremos en el inciso C, de la Sección III de este debate, acerca del carácter individual o colectivo del Siervo de Dios, lo cierto es que la lectura simple del texto no nos invita a cuestionarlo y partimos de este primer acercamiento que la exégesis nos confirma.
[ix] La gran mayoría de las cuales es usada como siervo o sirviente y sólo en muy pocas ocasiones es usada como la condición de servidumbre o esclavitud. Cabe decir que Vine sólo refiere a 750 veces y no 803 (Vine, W.E., Diccionario expositivo de palabras del Antiguo t Nuevo Testamento Exhaustivo de Vine [EE. UU., Ed. Grupo Nelson, 2007], p. 321).
[x] La lista de citas no es exhaustiva debido a las limitaciones de espacio en el trabajo, por lo que por persona referida incluimos solamente una referencia.
[xi] Encontramos algunos casos de personas que son referidas como siervos de Dios; esta referencia es hecha por terceros o por las mismas personas que se autodescriben así. Tal es el caso de Abraham, Isaac e Israel (Ex. 32:13, Dt. 9:27), Moisés (Núm. 11:11, Dt. 3:24, 34:5), Josué (Jos. 5:14, 24:29, Jue. 2:8), Samuel (1Sam. 3:10), David (1Sam. 23:11, 2Sam. 3:18, 7:19-20), Salomón (1Rey. 3:7,9, 8:28), Ahías (1Rey. 15:29), Elías (1Rey. 18:36, 2Rey. 9:36,10:10), Jonás (2Rey. 14:25), Ezequías (2Cro. 32:16), Nehemías (Neh. 1:6,11), Daniel (9:17). Pero éstos se diferencian de los casos descritos en este párrafo, puesto que a ellos es Dios Mismo quien los llama “Mis siervos”.
Cabe decir que, en forma genérica, el Señor también llama como “Sus siervos” a los profetas (2Rey. 9:7, 17:13,23) y a los miembros de su pueblo (Lv. 25:42,55; Dt. 32:36); sin embargo, la identificación que hace, en estos casos, es genérica y difiere de la trascendencia con la que el Señor califica a un individuo como “Mi siervo”.
[xii] Es importante señalar que en Isaías más que en otro libro, vemos al pueblo de Israel (no como persona concreta) mencionado como “mi siervo” (41:8-9, 42:19, 44:1-2,21, 45:4, 48:20); que nos brinda una imagen de lo que viene a ser su remanente, el Israel espiritual o verdadero. Esta misma imagen nos brinda Jeremías (30:10, 46:27-28) y Ezequiel (28:25, 37:25). En estos casos vemos una aplicación referente a la liberación y el regreso del remanente de Israel a la tierra que Dios le dio; pero el pueblo fallaría nuevamente y apuntaría, entonces, a la obra que Jesús vendría a cumplir y dar lugar a la iglesia, como el verdadero Israel, el que es de la fe de Abraham (Ro. 9:7, Gal. 3:7). En este mismo libro encontramos a los “siervos” del Señor como ese remanente espiritual (56:6, 63:17, 65:8-9,13-15, 66:14).
[xiii] Aunque no podemos calificarlo como una regla general, como lo demuestra el caso de Nabucodonosor, quien sólo tiene ciertos destellos de declaraciones acerca del carácter de Dios, mas no demuestra la profesión de una fe creíble.
[xiv] Podemos ver una referencia similar al Siervo de Dios en otro profeta, como es el caso de Zacarías (3:8).
[xv] Bullinger, E.W., Figures of Speech used in the Bible (Inglaterra, Messrs. Eyre & Spottiswoode, Great New Street, E.C., Messrs. E. & J.B. Young & Co., 1898), pp. 11, 599, 950-951.
[xvi] Pagán, Samuel, óp. cit., p. 60.
[xvii] Bullinger, E.W., óp. cit., p. 11.
[xviii] Parte de esta humillación es que, como lo deja explícito el profeta, Su pueblo lo despreciaría.
[xix] Roberts, Vaughan, El Gran Panorama Divino (México, Ed. Gran Panorama, 2008), p. 96.
[xx] Bullinger, E.W., óp. cit., p. 554.
[xxi] Así lo apunta Franz Julius Delitzsch (Biblia de Estudio Matthew Henry, Ampliada con relevantes autores evangélicos de todos los tiempos [Corea del Sur, Ed. Clie, 2019], p. 997).
[xxii] Unger, Merril F., óp. cit., pp. 312-313. Longman III, Tremper, y Dillard, Raymond B., óp. cit., pp. 365, 367-677. Benware, Paul N., óp. cit., p. 197.
[xxiii] Es importante destacar que es justamente la precisión de la profecía uno de los temas del libro, atinente al carácter del Único Dios Verdadero del Señor (Is. 40, 41, 45, 46 y 48).
[xxiv] Cfr. Unger, Merril, óp. cit., pp. 342-344.
[xxv] MacArthur, John, Biblia de Estudio MacArthur (EE. UU., Ed. Vida, 2015), p. 951 (aunque este mismo autor, comentando otros versículos, sí hace referencia a la expiación universal de los elegidos; esto parece ser ilógico, mas algunos han criticado a este autor justamente por no llevar a sus consecuencias lógicas su dispensacionalismo).
[xxvi] Longman III, Tremper, y Dillard, Raymond B., óp. cit., pp. 381-383; Roberts, Vaughan, óp. cit., pp. 96-97; Pagán, Samuel, óp. cit., pp. 59-60; Vine, W.E., óp. cit., p. 322.
[xxvii] Peters, Justin, The Devilish Puppet Master of the Word-Faith Movement (Selected Scriptures) (consultado en https://youtu.be/kOTrMSOrYew el 4 de junio de 2023); Clouds without water – False Prophets (consultado en https://youtu.be/y8aIS-dhU-s el 4 de junio de 2023); Spiritual Shipwreck of the Word—Faith Movement (Selected Scriptures) (consultado en https://youtu.be/MJDmjFPFFJc el 4 de junio de 2023) y The Hurt of Healing (consultado en https://youtu.be/YJ9L_J-aMPA el 4 de junio de 2023).
[xxviii] Berkhof, Louis, Principios de Interpretación Bíblica (Colombia, Ed. Libros Desafío, 2005), p. 79.
[xxix] Véase “La sanidad divina” en Biblia de Estudio de la Vida Plena, Antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), Revisada por Cipriano de Valera (1602), y Cotejada posteriormente con diversas traducciones y con textos en hebreo y griego, Revisión 1960 con referencias, Redactor General Donal C. Stamps, Redactor auxiliar J. Wesley Adams (EE. UU., Miami, Ed. Vida, Miami, 1993), pp. 1284-1285.
[xxx] Véase Henry, Mathew, Comentario Bíblico (E.U.A., Traducido y adaptado al castellano por Francisco Lacueva, Obra completa sin abreviar, Ed. Clie, 1999), p. 1100.
[xxxi] Scio de San Miguel, Felipe, La Sagrada Biblia, Tomo Segundo del Antiguo Testamento (Barcelona, España, Traducción al español de la Vulgata Latina, Ed. Grande Establecimiento Tipolitográfico Editorial de Ramón Molinas, s/a), p. 405.
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