Análisis: Los Cinco Discursos Teológicos de Gregorio Nacianceno
- Por Hernando J. Ochoa R.
- 28 feb 2024
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Por Hernando J. Ochoa R.

I. Introducción
Esta obra de uno de los Capadocios resulta de mucha importancia en una doctrina clave no sólo para la Teología Cristiana Ortodoxa, sino que –además– nos diferencia sustancialmente de toda secta que la niegue, la Trinidad. Aunque en muchas partes resulta de difícil lectura, el entendimiento histórico y cultural en el que se desarrolló ayuda mucho a su entendimiento y valoración.
II. Contexto Histórico
Gregorio Nacianceno, “el Teólogo” es uno de los Padres Capadocios[1], quienes, junto con Atanacio y Cirilo de Alejandría eran considerados referentes en la teología patrística y el nacianceno “segundo sólo respecto a Agustín de Hipona”[2].
Conoció a Basilio en el ámbito académico[3], ya que Gregorio[4] pertenecía a la alta burguesía[5]. Gracias a su especial distinción en su exposición de la doctrina de Dios, se le conoció como “el Teólogo”[6]. Fue nombrado obispo de Sasima, provincia de Capadocia, habiendo sido persuadido por Basilio. Por dificultades diversas dejó el puesto hasta que fue invitado a encargarse de la Capilla de Anastasia en Constantinopla[7].
Fue aquí donde Gregorio predicó la doctrina de Dios, que fue el tema de prevalente discusión en el siglo IV para la iglesia y, en particular, en cuanto a la Trinidad y la Deidad de Cristo[8]. Esto coincidió con el papel que jugaría el emperador Teodosio; “Si Constantino hizo el imperio cristiano, Teodosio lo hizo niceno y católico”[9]. Este emperador convocaría al Concilio de Constantinopla en 381 y que Gregorio presidiría. Este concilio produjo la versión revisada del Concilio de Nicena (325), que incluía la enseñanza de Gregorio acerca del Espíritu Santo[10] y que “puso fin al arrianismo dentro de la Iglesia Católica”[11]. A dicha derrota se le debe mucho a la obra de Gregorio[12].
III. Los Oponentes de Gregorio Nacianceno
La Teología o a doctrina de Dios, fue parte principal de la discusión doctrinal de la iglesia del siglo IV. Aquí encontramos a los Anomeos o Heterousianos, también conocidos como Eunomianos[13], que sostenían que debería mantenerse una diferencia en cuanto a la sustancia y el ser del Padre y del Hijo[14]. Consideraban que el Hijo era similar al Padre, “extremadamente como” Él; pero “no así en su sustancia”[15]. No enseñaron que fueren disímiles, sino que su “sustancia y agencia más efectos de la sustancia son necesariamente diferentes e incompatibles”[16].
La base de la argumentación de estos herejes radicaba en que el Padre es una realidad no derivada u originaria en Su Ser, mientras que el Hijo es su unigénito, Quien dio origen al Espíritu Santo y, posteriormente, el resto de las realidades inferiores, lo que deriva en una serie de grados de distinta e incomunicable sustancia[17], negando Su Deidad.
De esta forma, los Anomeos consideraban al Hijo “generado o creado (…) y subordinado. Los Anomeos no llamaban (…) al Espíritu Santo Dios”[18]; pero tenían puntos débiles en su argumentación, como Gregorio lo demuestra. Uno de los aspectos más débiles es, justamente, que no reconocieron la naturaleza plenamente humana de Cristo y se la adjudicaron a Su Deidad, lo que los llevó a percibirlo como un Dios inferior[19].
Cuando Gregorio atiende a la Deidad del Espíritu Santo, sus opositores ya no sólo se limitaron a los Anomeos, sino que abarcó a otra parte de la cristiandad que necesitaba reconocer esta verdad bíblica y, en concreto, a los pneumatómacos, que negaban Su Deidad (aunque algunos de ellos sí aceptaban la Deidad de Cristo)[20].
Gracias a las acomodaciones políticas Aecio y Eunomio persistieron por un tiempo con sus herejías e, inclusive, establecieron congregaciones sectarias[21]. Eventualmente cayeron; pero “sin ellos, no hubiéramos tenido la enseñanza específica de los Padres Capadocios ni la aceptación general del credo de Nicea”[22].
IV. Posición Teológica de Gregorio Nacianceno
Para Needham esta obra de Los cinco discursos teológicos de Gregorio “resumía con brillantez la doctrina nicena de la Trinidad”[23]. Estos discursos parecen haber sido pronunciados en intervalos cortos de tiempo, como se desprende de su evidencia interna[24]. Aunque los títulos de los discursos no parecen provenir de la autoría de Gregorio, resultan apropiados en cuanto a su contenido[25].
En el primer discurso, Gregorio comienza por atacar la epistemología de sus opositores, debido a que se basaban en la dialéctica, así como el hecho de que afirmaban que Dios podían ser conocidos plenamente por la mente humana y por ello los acusa de orgullosos, arrogantes e ignorantes y que se deleitan en discusiones vanas[26]. Al haber perdido el rumbo epistemológico, también perdieron el rumbo hacia la verdadera fe[27] o piedad[28], puesto que son movidos por su deseo de agradar a los hombres[29].
En este orden de ideas, Gregorio asevera (en el primer discurso como punto focal, pero en el resto reiteradamente) que no se deben traer elementos ajenos a la Palabra para discutir este tipo de temas profundos, puesto que sólo sería inventar males[30]. Los métodos filosóficos[31] y epistemológicos ajenos a la Palabra, terminan por llevar a la impiedad.
En el segundo discurso Gregorio refiere a la Teología Propia o Doctrina de Dios. En cuanto a la cognoscibilidad de Dios[32], Gregorio enfatiza las limitaciones que tenemos como criaturas para conocer a Dios y mucho más para describirlo[33]; esta limitación aplica principalmente para aquéllos que están en la carne. Los hombres estamos limitados aún para entender la profunda inteligencia detrás de la realidad creada por Dios[34].
De esta forma, Dios es Creador de todo y trasciende lo que nosotros pudiéramos pensar o imaginar acerca de Él[35]; así, aplicar métodos empleados para conocer aquéllo que fue creado por Él para conocerle resulta inútil (se trata de naturalezas opuestas)[36]. Una muestra de ello son las limitaciones que el ser humano tiene respecto a seres celestiales de segundo orden[37] y que es aún mayor respecto a las visiones divinas que son demasiado para soportar para un hombre; así, la naturaleza de Dios resulta ajena a su capacidad y, por ello, no es descrita sino mediante antropomorfismos[38].
En el tercer discurso, Gregorio usa diversos términos para hablar de la generación eterna del Hijo, como una generación voluntaria[39]; pero no como una “primera y segunda causa”[40]. En ello, acertadamente se limita, por un lado, a usar los términos usados por Dios Mismo: “ingénito”, “engendrado” y “procedente” del Padre; y, por otro, acepta que no podemos hablar en términos temporales (y por consecuencia de procesos), puesto que ocurren en la eternidad y la “fuente del tiempo no están sujetos al tiempo”[41].
El argumento de Gregorio, en esencia, radica en que todo el entendimiento que podamos derivar de la engendración de Cristo, la ingeneración del Padre, así como cualquiera otra denominación derivada de la Revelación (incluyendo los términos “Padre” e “Hijo”) y radica en que se trata de un evento ocurrido en la eternidad y aplicable a la naturaleza divina, razón por la cual no existe forma de que de ello derive una sustracción a la Divinidad de Cristo. Cristo comparte la misma sustancia, esencia con el Padre[42]. En este sentido, destaca la necedad de sus adversarios al pretender usar el mismo término de Deidad para el Padre y el Hijo, pero arbitrariamente negándole al Segundo la plenitud de su significado, siendo que Dios revela Nombres de Cristo que atienden a Su Divinidad plena, mientras que otras revelan claramente Su humillación sin merma a Su Deidad[43].
En el cuarto discurso, Gregorio atiende a pasajes difíciles de la Escritura referentes a nuestro Señor[44]. A este respecto, Gregorio soluciona la mayor parte de los temas con una satisfactoria explicación de la humillación de Cristo, esto es, en Su humanidad; lo que explica los diversos aspectos y circunstancias experimentadas por nuestro Señor.
Adicionalmente, Gregorio explica diversos términos como el uso de “hasta que”[45], lo que puede o no hacer el Hijo[46] o el cumplir la Voluntad del Padre[47], a través de un entendimiento que no excluye la trascendencia o perpetuidad de los aspectos relacionados, ni tampoco implica una oposición entre el Padre y el Hijo, sino una forma en que la verdad nos es revelada para un mejor entendimiento. Esto lo complementa con los nombres que la revelación da a Cristo para demostrar que Él es plenamente Dios.
Finalmente, el quinto discurso es acerca de la Deidad del Espíritu Santo. Gregorio enfatiza la obra del Espíritu en los medios de gracia y refiere a la forma en que es descrito en las Escrituras, las cualidades que son mencionadas y que son propias sólo de la Deidad; coincidiendo en todo ello con el Padre y el Hijo[48]. Debido a la complejidad que implica la comprensión de esta realidad, remite a la revelación en cuanto a los términos usados y lo elevado de la realidad planteada, a fin de invitar a creer en el Espíritu Santo como Dios y digno de ser adorado[49]. Tal elevación en el entendimiento de Dios es demostrado por el hecho de que cualquier ejemplo de nuestra realidad es fútil para describir la Trinidad[50].
De esta forma Gregorio plantea la Trinidad en cuanto al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo siendo Dios, consubstancialmente, rechazando por completo el triteísmo. A fin de demostrar lo anterior, a través de la Palara de Dios demuestra los nombres, funciones y características del Espíritu que lo acreditan como Dios y, por ende, afirma que hemos de adorar al “Padre como Dios, al Hijo como Dios, al Espíritu Santo como Dios – tres personalidades, una Deidad indivisa en gloria, honor, substancia y soberanía”[51].
V. Crítica a la Discusión Teológica
Los discursos denotan tanto el desarrollo temprano de la teología en algunos aspectos, como el uso de la filosofía que Gregorio mismo critica. Un ejemplo de ello es la dialéctica usada en el párrafo 8 del primer discurso, en la que hace una aplicación acaso humanista de pasajes de la Biblia, sacados de contexto para probar la necedad de sus adversarios[52]. Asimismo, la arrogancia de la que acusa a sus adversarios parece estar también presente en sus respuestas[53].
El misticismo que aparece al inicio del segundo discurso debe tomarse con mucho cuidado[54], puesto que se empalma con el discurso o análisis teológico a través de la Palabra. Un descuido en el entendimiento de la Palabra como fuente de nuestra teología, nos desviará a una vivencia como fuente y ello llevará a muchos errores[55].
En la defensa de la Deidad de Cristo (tercer discurso), Gregorio hace una afirmación respecto al movimiento o cambio de Dios[56]. Aunque más adelante refiere a que Dios, al ser incorpóreo, no está sujeto al cambio[57], su afirmación o no es clara y puede inducir a un error respecto a la inmutabilidad de Dios.
Gregorio afirma que la sustancia de Dios es aquéllo que le pertenece en forma particular o propia y exclusiva; sin embargo, quizás faltó precisar que Le pertenece en forma perfecta, o bien, distinguir de la substantia secundaria[58], puesto que existen atributos comunicables que no hacen Dios a quienes los reciben ni privan de divinidad a Dios.
Un punto sumamente importante que asienta Gregorio es la afirmación en cuanto a la limitación de las personas que pueden llevar a cabo discusiones teológicas, puesto que las reserva para los conversos, esto es, a los creyentes[59]; aunque puede parecer elitista, si lo consideráramos desde el punto de vista secular, desde el punto de vista bíblico un incrédulo sólo se esclaviza a su propio razonamiento cuando se envuelve en estas discusiones. En palabras de Charnock: “uno muerto en sus pecados, mas no sin uso de sus facultades racionales, aunque sí sin la gracia de esas facultades, no uno que le falta razón, sino que abusa de ella”[60].
Una parte muy importante de su argumentación en cuanto a la revelación de la Trinidad radica en que ésta (la revelación) se dio en forma progresiva[61], tomando en consideración que Dios es un Ser “insondable”[62]. Gregorio nos recuerda que la iglesia temprana se tomó con “mucha seriedad el misterio de la unión hipostática (las dos naturalezas unidas en la persona de Cristo) y buscó edificar a los creyentes en su fe en Cristo”[63].
Gregorio afirma en varias ocasiones que Cristo murió para que el hombre “llegase a ser Dios” o frases semejantes[64], que a veces pareciera muy semejante al regreso al uno platónico. Puede ser que esto se deba a la influencia de Atanacio, de quien Gregorio era amigo y admirador, puesto que consideraba que la salvación significaba deificación, es decir, que Cristo hacía a los seres humanos divinos[65]. No obstante, de lo que se desprende de las palabras de Gregorio parece ir más allá de una glorificación del hombre.
Igualmente, considero desafortunada la aseveración de Gregorio en cuanto a que Jesucristo “venció en cuanto Dios”[66], puesto que también como hombre Él salió victorioso en una vida terrenal perfecta y prueba de ello es la Resurrección. Un desentendimiento similar es manifiesto cuando Gregorio habla de que en el Antiguo Testamento no existió la unción clara del Espíritu Santo y, más aún, diversos niveles de unción en los creyentes[67].
En el cuarto discurso, que trata también del Hijo, Gregorio refiere a Jesucristo como “Dios pasible”[68], cuando las emociones que mostró nuestro Señor deben entenderse como parte de Su humanidad y no de Su Deidad.
No sobra decir que el autor usa pasajes que corresponden a libros del Antiguo Testamento que no son inspirados, como es el caso de Sabiduría, Eclesiástico, Baruc. Por el momento en que se desarrollaron los discursos es comprensible este error; sin embargo, debe tenerse cuidado en ello en la apologética de la Divinidad de Cristo y de la Trinidad.
VI. Conclusión
Aunque concordamos con el cuestionamiento que hace Gregorio “¿Por qué tomas ofensa de lo que vemos, en lugar de atender a lo que tiene significancia espiritual?”[69], es importante poder defender nuestra fe y, aunque el autor en algunas ocasiones aparece soberbio, resulta de mucha bendición entender y profundizar en temas como él lo hizo. El momento histórico y teológico era complicado y una obra como ésta resulta de mucha bendición para los retos que nos quedan como Iglesia hasta el regreso de nuestro Señor Jesucristo.
VII. Fuentes de Consulta
Barshinger, David, Gregory of Nazianzus on Jesus as God in Human Flesh, publicado el 22 de febrero de 2022 (visible en https://exploringchurchhistory.com/?p=1728#more-1728, consultado el 23 de febrero de 2024).
Berkhof, Louis, Historia de las Doctrinas Cristianas (España, Ed. El Estandarte de la Verdad, Trad. Alonzo Ramírez Alvarado, 1995), pp. 360.
Charnock, Stephen, The Existence and Attributes of God (Two volumes in One; E.U.A., Ed. Baker Books, 2005), V. I, pp. 606, V. II, pp. 543.
Carolina García, Ángela, “La Teología y el Teólogo Hoy a la luz de Gregorio Nacianceno” en Revista Caritas Veritatis (Colombia, Fundación Universitaria Cervantes, 2022), pp. 154-171.
Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, “Introducción” en Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos (España, Ed. Ciudad Nueva, Trad. José Ramón Díaz Sánchez-Cid), pp. 283.
Gesenius, Heinrich Friedrich Wilhelm, Hebrew and Chaldee Lexicon, Old Testamen Scriptures (Inglaterra, Samuel Bagster and Sons, 1857), consultado en https://www.blueletterbible.org/lexicon/h7069/kjv/wlc/0-1/ el día 27 de febrero de 2024.
González, Justo L., Historia del Cristianismo, Obra Completa [E.U.A., Ed. Unilit, 2009], Tomo I, pp. 570, Tomo II, pp. 573.
Latourette, Kenneth Scot, Historia del Cristianismo, Tomo I (E.U.A., Ed. Casa Bautista de Publicaciones), pp. 819.
Merino Rodríguez, Marcelo, “Introducción” en Discursos XXVII-XXXVI de Gregorio de Nacianzo [España, Ed. Ciudad Nueva, 2019], pp. 5-13.
Muller, Richard A., Dictionary of Latin and Greek Theological Terms (E.U.A., Ed. Baker Academic, 2017), pp. 408.
Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, The Five Theological Orations and Two Letters to Cledonius (E.U.A., St. Vladimir’s Seminary Press, Trad. Lionel Wickham, 2002), pp. 174.
___________________, Los Cinco Discursos Teológicos (España, Ed. Ciudad Nueva, Trad. José Ramón Díaz Sánchez-Cid), pp. 283.
Needham, Nick, 2000 Años del Poder de Cristo, Vol. 1 (E.U.A., Ed. Publicaciones Aquila, Trad. Loida Viegas Fernández, 2021), pp. 549.
Ramos-Lissón, Domingo, “Gregorio NACIANCENO, Los cinco discursos teológicos, («Biblioteca de patrística», n. 30), ed. Ciudad Nueva, Madrid 1995, 283 pp. 13,5 x 20,5. [RECENSIÓN]” en Scripta Theologica, No. 28 (España, Universidad de Navarra, 1996), p. 622.
Strong, James, Nueva Concordancia Strong Exhaustiva (E.U.A., Ed. Nelson, 2003), pp. 977, 146, 96, 256.
Wickham, Lionel, “Gregory of Nazianzus: An Introduction for the Reader” en Nazianzus, Gregory of, On God and Christ, The Five Theological Orations and Two Letters to Cledonius (E.U.A., St. Vladimir’s Seminary Press, Trad. Lionel Wickham, 2002), pp. 174.
VIII. Notas al Final
[1] Siendo los otros Padres Capadocios Basilio el Grande, obispo de Cesárea, y Gregorio de Niza, de donde era obispo (Wickham, Lionel, “Gregory of Nazianzus: An Introduction for the Reader” en Nazianzus, Gregory of, On God and Christ, The Five Theological Orations and Two Letters to Cledonius [E.U.A., St. Vladimir’s Seminary Press, Trad. Lionel Wickham, 2002], pp. 9-10; Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, “Introducción” en Nacianceno, Gregorio Los cinco discursos Teológicos [España, Ed. Ciudad Nueva, Trad. José Ramón Díaz Sánchez-Cid, pp. 7-8, 13; Needham, Nick, 2000 Años del Poder de Cristo, Vol. 1 [E.U.A., Ed. Publicaciones Aquila, Trad. Loida Viegas Fernández, 2021], p. 273).
Al parecer, el título de “el Teólogo” lo adquirió muy temprano, puesto que así lo atestiguan las Actas del Concilio de Calcedonia que datan del siglo V (Ramos-Lissón, Domingo, “Gregorio NACIANCENO, Los cinco discursos teológicos, [«Biblioteca de patrística», n. 30], ed. Ciudad Nueva, Madrid 1995, 283 pp. 13,5 x 20,5. [RECENSIÓN]” en Scripta Theologica, No. 28 [España, Universidad de Navarra, 1996], p. 622).
Gregorio Nacianceno fue hijo de un matrimonio originalmente mixto, ambos progenitores eran cristianos al momento de su nacimiento: Su padre, Gregorio “el Anciano” y Nonna, la piadosa (Wickham, Lionel, óp. cit., pp. 9-10, Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., p. 7-8).
[2] Wickham, Lionel, óp. cit., p. 9.
[3] En la escuela de retórica de Cesárea de Capadocia de acuerdo con José Ramón Díaz Sánchez-Cid (óp. cit., p. 9) y con Nick Needham (óp. cit., p. 275) y en la Universidad de Atenas, de acuerdo con Lionel Wickham (óp. cit., p. 10). De acuerdo con este último, Gregorio Nacianceno hubiera preferido la vida de la academia; sin embargo, tuvo que atender sus deberes familiares y de la iglesia, por insistencia de sus padres. en un sentido similar, Needham afirma que era sensible e introvertido, y rechazaba la vida activa de la iglesia (p. 278).
[4] Cuando mencionemos a Gregorio en este análisis, nos referimos a Gregorio Nacianceno únicamente.
[5] Aunque no a la nobleza (véase Wickham, Lionel, óp. cit., p. 9).
[6] Wickham, Lionel, óp. cit., p. 9; Needham, Nick, óp. cit., p. 278.
[7] De acuerdo con Wickham y Díaz Sánchez Cid, parece que desde ahí circularon los discursos entre los años 379 al 381 (cuando todavía los arrianos tenían fuerza en la parte oriental, aunque su fin estaba cerca), e inclusive con los títulos que hoy los distinguimos que, aunque aptos para el tema tratado, parecen no originales de su autor, como lo expresamos más adelante (Cfr. Wickham, Lionel, óp. cit., p. 14; Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., contraportada y. pp. 15,25; Merino Rodríguez, Marcelo, “Introducción” en Discursos XXVII-XXXVI de Gregorio de Nacianzo [España, Ed. Ciudad Nueva, 2019], p. 7; González, Justo L., Historia del Cristianismo, Obra Completa [E.U.A., Ed. Unilit, 2009], Tomo I, p. 202).
[8] Wikcham, Lionel, óp. cit., p. 14.
[9] Íbid, p. 12 (traducción propia). Véase también Needham, Nick, óp. cit., p. 282.
[10] Wickham, Lionel, óp. cit., p. 12.
[11] Needham, Nick, óp. cit., p. 284; véase González, Justo L., óp. cit., p. 202.
[12] Latourette, Kenneth Scot, Historia del Cristianismo, Tomo I (E.U.A., Ed. Casa Bautista de Publicaciones, pp. 210-211.
[13] Nombre derivado de su principal exponente, Eunomio (335-393 o 394), un capadocio, que tuvo por maestro a Aecio de Antioquía, y cuya reputación como teólogo creció gracias al primo de Constantino, Galo, cuya corte estaba en Antioquía. Aunque por un tiempo cayeron del favor oficial, lo recuperaron con Constancio. También se les llegó a denominar como Neo-Arianos; pero ellos mismos rechazaron esta denominación, por la asociación con Ariano (véase Wickham, Lionel, óp. cit., pp. 14-16; Needham, Nick, óp. cit., pp. 273-274; Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., pp. 26-35).
Tanto Nick Needham como Ramos-Lissón afirman que Eunomio de Cisico o Cízico era un representante del ataque arrio a la Deidad Cristo (véase Needham, Nick, óp. cit., p273; y Ramos-Lissón, Domingo, óp. cit., p. 622; véase también Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., pp. 22-32).
[14] Aunque puede parecerse a Arrio, para Aecio, la posición del primero respecto a que el Padre es incognosible y el Hijo no simple en Su ser, le parecía alejado de la realidad (Wickham, Lionel, óp. cit., p. 15). No obstante, como lo apuntamos en la nota anterior, muchos los consideran –en realidad– arrianos.
[15] Wickham, Lionel, óp. cit., p. 16 (traducción propia).
[16] Íbid, p. 18 (traducción propia).
[17] Íbid, p. 18.
[18] Íbid, pp. 18-19 (traducción propia).
[19] Cfr. Íbid, pp. 20-21.
[20] La palabra pneumatomachoi es un término griego para “luchadores contra el Espíritu” (Needham, Nick, óp. cit., pp. 280-281). Véase también Wickham, Lionel, óp. cit., p. 20; Ramos-Lissón, Domingo, óp. cit., p. 622.
[21] Wickham, Lionel, óp. cit., pp. 16-17.
[22] Íbid, p. 17 (traducción propia).
[23] Needham, Nick, óp. cit., p. 278.
[24] Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., p. 14.
[25] Cfr. Wickham, Lionel, óp. cit., p. 14. En la traducción de José Ramón Díaz-Cid (Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit.), aún se usan subtítulos que no contiene la traducción de Wickham.
[26] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, The Five Theological Orations and Two Letters to Cledonius (E.U.A., St. Vladimir’s Seminary Press, Trad. Lionel Wickham, 2002), pp. 25-26 (en esta traducción, literalmente los llama stupid, que puede traducirse como sosos, insulsos o estúpidos); Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos (España, Ed. Ciudad Nueva, Trad. José Ramón Díaz Sánchez-Cid), pp. pp. 77-78; Wickham, Lionel, óp. cit., p. 19.
[27] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 25.
[28] Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 76.
[29] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 26; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 76.
[30] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 29-30; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 83-84.
[31] El principal método criticado por Gregorio es la dialéctica, aunque hace una referencia a la lógica aristotélica (véase Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 31; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 85; Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., p. 27). Muestra de este uso es que sus obras “empezaron a leerse y a estudiarse en las mismas escuelas de retórica” (Díaz Sánchez-Cid, José Ramón, óp. cit., p. 12).
[32] Ramos-Lissón, Domingo, óp. cit., p. 622.
[33] Gregorio descarta que se trate de un conocimiento reservado para los más elevados y devotos (Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 39-40; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 98), por lo que no está hablando de gnosticismo.
[34] Véase Nacianceno, Gregorio (On God and Christ, óp. cit., pp. 56-62; y Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 128-139), respecto a las descripciones de las diversas criaturas y el universo creado.
[35] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 41; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 100.
[36] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 41-42; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 101-103. Derivado de ello, las descripciones que se hacen de Él se enfocan en lo que Dios no es para describir a Aquél que es y, por ende, se quedan cortas en cuanto a su comprensión (pp. 43-44,46-47 y pp. 105-106,110-112, respectivamente).
[37] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 62-64; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 139-142.
[38] Ya sea “una visión de Dios” (Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 51; traducción propia) o una “aparición divina” (Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 119).
[39] Sin que esta característica haga que Cristo sea inferior al Padre en forma alguna, puesto que aún la Voluntad Divina trasciende a los aspectos terrenales que preceden entre sí (como engendrar y engendrado, hablar y discurso), pues en lo terrenal existe un marco temporal e intervención de algún medio, que no ocurre en lo divino (véase Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 74; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 154).
[40] Términos que cita del filósofo Plotonio (Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 70; traducción propia) o “de la causa primera y de la causa segunda” (Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 146).
[41] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 71 (traducción propia).
[42] Véase Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 80-88; traducción propia; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 164-174. En este sentido, el argumento usado por Gregorio respecto a un entendimiento que nos supera y que es aplicable más allá de lo meramente inmaterial o espiritual es el usado respecto a los ángeles, quienes son perpetuos, mas ello no implica que no hayan tenido un inicio, esto es, cuando fueron creados. A este respecto, el hecho de que el “proceso” de generación y procesión en la Trinidad, aunque no prosiga, no implica que haya tenido un inicio en el sentido temporal (véase pp. 80-81 y pp. 164-166, respectivamente).
[43] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 81-82, 84-86; traducción propia; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 166-168, 172-175.
[44] Uno de los pasajes en cuestión es Proverbios 8:22 que, de acuerdo con algunas traducciones, como la Reina Valera 1960, no genera un problema puesto que se habla de poseer; sin embargo, el verbo empleado, (hb.) caná o qaná sí se traduce como erigir, crear y, sólo por implicación, poseer (Strong, James, Nueva Concordancia Strong Exhaustiva [E.U.A., Ed. Nelson, 2003], Cap. Diccionario Strong de palabras hebreas y arameas del Antiguo Testamento y su traducción en la Versión Reina Valera 1960, p. 119).
Ahora bien, no es un verbo que comúnmente se use para “crear”, sino que tiene otras aplicaciones como comprar, adquirir, recuperar. Cabe decir que, de acuerdo con Gesenius, no existe suficiente base para atribuir a este verbo el sentido de crear, sino que poseer parece ser su significado genuino (Gesenius, Heinrich Friedrich Wilhelm, Hebrew and Chaldee Lexicon, Old Testamen Scriptures [Inglaterra, Samuel Bagster and Sons, 1857], consultado en https://www.blueletterbible.org/lexicon/h7069/kjv/wlc/0-1/ el día 27 de febrero de 2024). Derivado de ello, es posible que Gregorio esté considerando la redacción de la LXX, que traduce esta palabra como ktizw (ktizw) que sólo está relacionada con creación o crear (Consultado en Blue Letter Bible, visible en https://www.blueletterbible.org/lexicon/g2936/lxx/lxx/0-1/, consultada el día 27 de febrero de 2024).
En todo caso, el entendimiento de un pasaje difícil como éste lo sería, haciendo aplicación de la Analogía de la Fe, como lo hace Gregorio, es satisfactorio para entender, en todo caso, que se trata de una generación eterna (por la referencia a la eternidad), ya que se trata del Hijo Unigénito del Padre (Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 94; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 186).
[45] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 94-95; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 188-189.
[46] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 100-101; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 196-198.
[47] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 102-103; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 200-202.
[48] Véase Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 118-119; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 221-222. De esta forma, en el punto 29 del Quinto Discurso Gregorio relaciona al Espíritu como propio del Padre y del Hijo, mediante títulos revelados en la propia Escritura (pp. 139-140, pp. 259-262, respectivamente).
[49] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 125-129; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 234-241.
[50] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 141-143; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 263-266.
[51] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 138-139 (traducción propia). Díaz Sánchez-Cid traduce “tres propiedades” (véase Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 257).
[52] Véase Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 31-32; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 86-88.
[53] Inclusive Berkhof hace referencia a que, tratándose de la obra de Cristo, Gregorio también responde con burla a sus adversarios (Berkhof, Louis, Historia de las Doctrinas Cristianas [España, Ed. El Estandarte de la Verdad, Trad. Alonzo Ramírez Alvarado, 1995], p. 212).
[54] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 37-39; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 94-97.
[55] Concuerda con este misticismo de Gregorio, Marcelo Merino Rodríguez (óp. cit., p. 8). Una muestra de ello es el artículo “La Teología y el Teólogo Hoy a la luz de Gregorio Nacianceno” de Ángela Carolina García (en Revista Caritas Veritatis [Colombia, Fundación Universitaria Cervantes, 2022], p. 156), quien afirma, basándose en Gregorio, que “la teología no puede ser considerada solamente una técnica argumentativa-racional, sino una reflexión que nace a partir del silencio de la fe, la contemplación, el asombro y la oración”.
En este artículo se percibe una crítica al acercamiento teológico de los reformadores y una invitación al misticismo papista, afirmando que “Gregorio expresa que la función del verdadero teólogo es la de una persona vacía de sí misma y es capaz de hablar a partir de la mística” (Íbid, p. 162).
[56] Wickham traduce esta afirmación como “el uno eterno cambia a dos y se detiene en tres” (Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 70 [traducción propia]). Otra traducción se lee “la Mónada, estando desde el principio en movimiento hacia la Díada, se detuvo en la Tríada” (Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 145-146).
[57] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 72; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 149.
[58] Richard Muller afirma que substantia incluye propiedades tanto esenciales, como incidentales y distingue la sustancia primaria, como aquélla que pertenece exclusivamente a un ser en forma exclusiva (Dictionary of Latin and Greek Theological Terms [E.U.A., Ed. Baker Academic, 2017], p. 346).
[59] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 27; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 78.
[60] Charnock, Stephen, The Existence and Attributes of God (Two volumes in One; E.U.A., Ed. Baker Books, 2005), V. I, p. 23 (traducción propia).
[61] Desafortunadamente, en su argumentación a este respecto, hace una tergiversación en cuanto a los pactos de Dios con Su pueblo y la forma en que Dios ha obrado a lo largo del tiempo (Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 136-138; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 251-256). Muestra de esta tergiversación es su entendimiento de los sacrificios como un resabio de una época primitiva y no una sombra del sacrificio de Cristo (p. 136, p. 253, respectivamente)
[62] Wickham, Lionel, óp. cit., p. 20 (traducción propia).
[63] Barshinger, David, Gregory of Nazianzus on Jesus as God in Human Flesh, publicado el 22 de febrero de 2022 (visible en https://exploringchurchhistory.com/?p=1728#more-1728, consultado el 23 de febrero de 2024).
[64] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., pp. 86, 98, 112, 119; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 177, 193, 218, 223.
[65] Needham, Nick, óp. cit., pp. 266-267.
[66] Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 178.
[67] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 137; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., pp. 254-255.
[68] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 93; Nacianceno, Gregorio, Los Cinco Discursos Teológicos, óp. cit., p. 184.
[69] Nacianceno, Gregorio, On God and Christ, óp. cit., p. 87 (traducción propia).
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